Jerséis Gansey

“Siempre debemos estar dispuestos a aprender cosas nuevas de otros”; Johan Cruyff (1947-2016), entrenador de futbol holandés.

      Daniel Day-Lewis sabe de moda. Es elegante y acaba de dar una lección magistral con el vestuario del El hilo invisible (2017) implicándose en la elaboración y elección de los tejidos para esta película con sastres de Savile Row a los que es habitual. Pero es que además, Daniel, junto a los conjuntos de la sastrería que ocupa el número 32 del barrio de Mayfair en Londres –Anderson & Sheppard-, luce pijamas de la camisería Budd, zapatos de George Cleverley o sombreros de Sophie Lamb* con total conocimiento de causa.

      Esta es la esencia de la elegancia. Saber elegir.

      Este actor asimilado irlandés nos hizo indignar con En el Nombre del Padre (1993), sensibilizar en Mi pie izquierdo (1898, por cuya interpretación recibió el Oscar) o vibrar con El último mohicano (1992). Y no es la primera vez que con su grado de implicación en los papeles que interpreta -rayando en lo obsesivo- hace gala de su amor por el vestuario. Pues sabemos, que aprendió el oficio de zapatero junto a Stefano Bemer en Florencia durante el último año del siglo XX. Lo que se desconoce es si fue por afición, profesión o actividad desestresante.

      En su ultima aparición pública nos ha presentado un rudo jersey de pescadores británicos con el que ha posado para la portada de la revista W. El Gansey.

      Estos suéteres disponen de una parte trasera idéntica a la delantera, las mangas aparecen cortas y su cuello -holgado- está algo elevado. Como sin rematar. Estas características facilitaron que fuera reversible -cuando la zona frontal acusara desgaste por rozaduras de trabajo- y que los puños no se mojaran al pescar.

      Su color solía ser el índigo. Supongo que por la facilidad para teñir la lana de este tono.

      Los relieves están inspirados -lógicamente- en motivos marineros, redes o cabos, y se solían bordar las iniciales. No tanto para conocer de quien era cada prenda, y menos aún por frivolidad, sino para identificar al marinero si desaparecía en la aguas ahogado durante tanto tiempo como para dejarlo irreconocible. Tétrico.

      Este suéter no siendo especialmente vistoso, aúna suficientes ingredientes para hacerlo un clásico. Historia, artesanía y originalidad. Y ahora, además, que lo luce un famoso en primera página de un magazine.

      El también conocido como jersey Guernsey, por su procedencia de la isla británica de la que toma nombre (ubicada en el Canal de la Mancha), data de hace cuatro siglos. Familias que por vivir aisladas, literalmente, procuraban ser autosuficientes y tejían su propia ropa de abrigo.

      Varias firmas he encontrado que distribuyan este producto a un precio que ronda los 500 €uros: Flamborugh Marine, Wayside Flower, Guernesey y Propagansey.

      Si las pescadoras de comienzos del siglo pasado levantaran la cabeza, no se arriesgarían a dejar ir a sus maridos a su marino oficio. Precario y temerario.

      Una realidad constatable a lo largo de la historia de la moda masculina es que los mejores productos han sido realizados e ideados por personas o familias apasionadas, entusiastas o por genuina necesidad; y ahora la desarrollan y explotan brillantes departamentos de marketing con campañas multimillonarias. Pero ¿qué sería de la moda actual si la semilla original no hubiera existido? A buen seguro, que no germinarían hoy estas bellas prendas.

      Por todo ello, lo menos que les debemos es el homenaje del recuerdo.

      Muchas gracias y buena suerte.

David García Bragado

*Información tomada del -imprescindible- blog ropa.elitista.info