James “Jimmy” Stewart; el ideal de caballero americano

james-jimmy-maitland-stewart-0“Un mito es una construcción idealizada, a partir de un hecho real, que se construye dentro de una sociedad”; Paco Ignacio Taibo II, escritor hispano mejicano.

      James Maitland Stewart pertenece a esa selecta hornada de actores que forjaron la época dorada del cine durante el segundo tercio del siglo pasado. De aquellos contados caballeros que han sido capaces de lucir elegantes incluso en pijama, demostrando así que eran mitos del celuloide.

      Este actor, conservador y demócrata, nació en Pensilvania en 1908, vivió 89 años, se caso una vez y tuvo cuatro hijos. Aparte de destacar en sus estudios de arquitectura, donde logró una beca por su tesis, se ganó honores durante su carrera militar al participar en la II Guerra Mundial. Consiguió el grado de coronel en menos de una década y pasó a la reserva como general. Todo un ejemplo para cualquier época.

      Melómano, tocaba el acordeón, afición que heredó de su madre que fue una consumada pianista. Saltó a la fama, como tantos otros durante aquellos años, desde los escenarios de Broadway a los platós de la todopoderosa Hollywood.

      El protagonista de Que bello es vivir y La ventana indiscreta, entre casi otro centenar de películas, interpretó a las ordenes de los mejores directores de cine de la época como Billy Wilder, Frank Capra, Alfred Hitchcock o John Ford del que dijo: «Coge todo lo que hayas oído en tu vida y multiplícalo por cien. Aún así seguirás sin tener una idea de cómo era John Ford». Ganó una estatuilla Óscar por su interpretación en Historias de Filadelfia, y otro -honorífico- como reconocimiento a su carrera.

      De pose seductora, espigada estatura, complexión atlética y mirada azul lo tenía todo para triunfar con su imagen. Sin embargó si se hizo eterno fue gracias a su trabajo, bondad y honestidad. James Stewart encarnó la figura del caballero ideal del sueño norteamericano.

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      Con buena planta y delicada educación su mejor versión estaba fuera del alcance de las cámaras. Su propio personaje, idealizado gracias a la gran pantalla, él la superó fuera de los platós. John Ford le devolvió el halago cuando aseguró de él: “Siempre se interpreta a sí mismo, porque él es todo un personaje”.

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      Jimmy junto a Cary Grant, Gary Cooper, Fred Astaire… y muy pocos artistas más pertenecen al reducido, exclusivo y supremo club que definieron cuales son los cánones de la elegancia en el hombre clásico de su siglo, y del nuestro.

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      De su imagen destaca la variada sobriedad. Lo mismo supo vestir el traje de la pajarita blanca como el de la negra, así como el resto de conjuntos en toda gama de tejidos. Fue asiduo al tweed, a la raya diplomática o los ligeros seersucker. También dominaba el amplio campo de los complementos: desde los sombreros hasta los alfileres para los cuellos de las camisas o de la corbata, y desde las corbatas (de punto o seda) hasta los pañuelos para el cuello o el bolsillo.

      Tampoco fue ajeno a los mejores abrigos, ni a detalles tan sublimes como lucir una sencilla flor en el ojal tan pronto como la ocasión se lo permitiera.

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      Todo un ejemplo, y reserva, de la tradición más clásica del hombre a la que recurrir cuando la tendencia imperante nos avoque a terrenos demasiados transgresores. En dichos momentos siempre estarán estilos como el suyo para centrar el del resto.

      Muchas gracias y buena suerte,

David García Bragado

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  • Jaime Romero-Requejo

    Precioso artículo David, de verdad. Uno de mis actores fetiche. Porte y elegancia a raudales.

    • vestirseporlospies

      Muy agradecido estimado Jaime, como me alegra tu comentario. Gracias.
      La verdad es que su bondad le viste aún más elegante.
      Un abrazo,

  • Anonimo

    Tienes toda la razón con la elegancia, se nace y se cultiva y por mucho dinero que se tenga, no se puede comprar, o la tienes o no. Podemos intentarlo toda nuestra vida y es nuestra obligación tender a ello y saber realizarnos, pero hay que tener algo con lo que se nace y James Stewart lo tenía.

    • vestirseporlospies

      Efectivamente muchos son los llamados y pocos son los… eternos 🙂
      Un abrazo amigo y gracias por tu aportación,