Indumentaria para la caza… una gran inspiración

“Lo que hay que preguntarse no es si la caza es cruel o no lo es, sino qué procedimientos de caza son admisibles y qué otros no lo son”; Miguel Delibes (1920-2010), escritor español.

      Para alguien como yo que cuando se topa con una mosca sobre el cristal de la ventana la abre para que escape, no resulta sencillo defender una actividad como la caza. Eso si, admitiré que comparto con Delibes en que son los métodos y no la acción la que legitima esta actividad deportiva. No en vano el hombre lleva cazando desde que lo es, y gracias a ella hemos sobrevivido.

      Juan Pedro Martín nos consultaba sobre la indumentaria correcta para la caza y lo primero que se me ocurre decir es: la mejor posible. Como siempre. Pero es que, además, en esta oportunidad con mayor motivo porque pocos lugares se prestan a lucir con mejor estilo que durante la práctica de las actividades cinegéticas.

      Este vestuario, para la caza, es tan bonito que se ha trasladado a las ciudades.

      Aunque la gorra de tweed parece la reina indiscutible, durante las cacerías se puede cubrir la cabeza también con un sombrero tirolés pardo (verde o marrón). En esta ocasión me atrevo a considerar que incluso algún veterano podría tener la genial osadía de lucir en su ala el detalle de una pluma de aquel faisán que tanto le gusto abatir. Estamos en el medio, ambiente, seguro que podemos hacerlo.

      Es una afición que se realiza durante los cuatro meses de invierno y al aire libre, por lo que se ha de estar protegido frente al frío y la lluvia. O nieve en el peor de los casos. La resistente lana del tejido tweed se postula como la gran aliada, ya que además se va a necesitar protección frente a las rozaduras con la vegetación y comodidad para la libertad de movimientos.

      Las chaquetas de esta lana, y por supuesto un conjunto, los jerséis de cashmere, cardigans o chalecos de punto de lana virgen y las camisas de franela, especialmente las Tattersal, son muy apropiadas.

      Las corbatas de lana me parecen tan inexcusables como con un traje, y si disponen de motivos de caza o pesca; tanto mejor.

      Prendas específicas de la caza son nuestra chaqueta Teba, la Norfolk inglesa o el abrigo irlandés tipo Loden. El cuál dispone y debe sus aberturas en las sisas de las mangas para facilitar el movimiento del disparo. También tiene cabida la chaqueta conocida como austriaca.

      Hablando de abrigos, los tipo Barbour en esta oportunidad si son adecuados. Y ¿un capote? por que no. En este ambiente, lúdico y de confianza, algo me dice que no existe el mismo pudor que en la urbe.

      En los pies, nada mejor que unas botas de cuero con la caña alta. Seguro que en Valverde del Camino (Huelva) hacen maravillas. Cuando menos serían recomendables unos botines de piel de vacuno con media caña para proteger del sinuoso terreno. Las botas de plástico tipo Hunter es mejor solo como última opción. Pues si bien es cierto que soportaría mejor la humedad, no es nada que una buena capa de grasa de caballo sobre el cuero no lo protegiera… y entre ambos materiales media un abismo.

      En el caso de preferir un zapato. El modelo Derby de piel agujereada con la suela de goma en color marrón me parece la opción adecuada.

      Para los obligados porta objetos, conocidos como zurrones o morrales, nada como una pieza de piel curtida de guarnicionería. Son especialmente bellos y muy necesarios para llevar objetos tan necesarios como una navaja, la munición, el bocadillo, etc.

      Existen diferencias entre la caza mayor (corzo y jabalí conocidas como monterías) y la menor (de perdices y liebres u ojeo) pero en el vestuario entiendo que no debería afectar. Otra cosa es la diferencia climática que existe entre un coto del monte gallego y un cortijo sevillano.

      Si hablábamos hace días de la solera de las prendas. Aquí tenemos el vivo ejemplo. No me puedo imaginar a nadie estrenando nada en una cacería, deslumbrante cual espejo apuntando al sol.

      Otras prendas que seguro funcionan bien son el chaleco por la libertad de movimientos en los hombros, los guantes de piel (los de caza tiene el dedo indice abierto para liberarlo y tener mayor sensibilidad en el gatillo) y la ropa con refuerzos de ante a la altura de la clavícula para proteger esta zona de la culata en el tiro.

      Vivo dentro de una zona de caza donde no es raro que resuene algún disparo o me cruce con alguna batida en retirada, y he observado que esta teoría poco o nada se parece a la realidad. Evidenciando la tendencia imperante en el resto de la sociedad, y eventos, donde el buen gusto es una excepción. Lo cual es una pena porque a esta uniformidad da gusto verla.

      Muchas gracias y buena suerte,

David García Bragado

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