Impecable David Niven

“Para enseñar buenas acciones es mejor apelar a los buenos modelos que a las más precisas reglas”; Efraín Gutiérrez Zambrano (1955), escritor colombiano.

      De todos los actores clásicos, quizá uno de los más injustamente olvidados sea David Niven. Al menos en el capítulo correspondiente a los más elegantes durante las décadas centrales del siglo pasado. Seguramente se deba a que resulta difícil destacar en una época dominada por apellidos de la talla de Grant, Astarie, Gable, Peck, Cooper, Flynn, Caine, Connery o Stewart y muy pocos más.

      James David Graham Niven (Londres, 1910-1983) representa el prototipo de Lord inglés. Dotado incluso de esa flema tan británica que mostró durante la gala de los Oscar en 1974 cuando un espontáneo saltó desnudo al escenario, en el momento que iba a otorgar el premio a la mejor película, y tuvo el ingenio de comentar ante el estupor general: “Ese señor sólo logra hacernos reír quitándose la ropa y mostrándonos sus menudencias”.

      El protagonista de películas como La vuelta al mundo en 80 días (1956), El prisionero de Zenda (1937) o la saga de La Pantera Rosa (1963, 1982 y 1983); consiguió el Oscar al mejor actor principal en 1958 por Mesas separadas (1958).

      Escribió tres novelas, dos de ellas autobiográficas, y participó en la II Guerra Mundial como teniente coronel.

      Niven tenía un humor tan fino como su bigote, y el cabello siempre repeinado con la raya bien marcada. Sin embargo, estaba desprovisto de toda afectación, que no de mordacidad gracias a su intelecto.

      Marcó un hito en su profesión aunque fue un actor de papeles secundarios hasta 1947, cuando ya contaba la edad de 37 años. Experiencia que seguro le valió para apreciar con humildad el éxito, y demostró admitiendo que “lo suyo no era trabajo, sino pasarse 8 horas dentro en una mina”.

      Seductor y galán como demuestra el hecho de ganarse el favor de Grace Kelly o Marilyn Monroe. Se caso en dos veces, tuvo cuatro hijos, y conoció la desgracia con la muerte de su primera esposa en un accidente doméstico en la casa de Tyrone Power.

      En cuanto a su vestuario; dominó todos los estilos principalmente la etiqueta. Sin extravagancias prodigaba las slippers, incluso fuera de casa, y fue asiduo a los trajes de tweed (tanto en príncipe de galés, como raya diplomática o marco de ventana) y a las chaquetas cruzadas.

      Pero vamos que lucía igual de bien con un traje cortado a su espigada medida como con una equipación o jersey de tenis, siendo muy difícil encontrar una foto suya en la que no luzca impecable. Motivo por el cual saldo mi olvido dedicándole este espacio. Mea culpa.

      Muchas gracias y buena suerte,

David García Bragado

[mc4wp_form]

  • Leo

    Estupendo homenaje, querido David, y muy merecido.
    Para mí David Niven está en lo más alto del podio, compartiendo medalla de oro con Cary Grant. Pocos podrían lucir la smoking jacket roja que saca en La Pantera Rosa y no ser apedreados (merecidamente, ja,ja,ja!). Incluso en las películas de guerra, sucio y embarrado, tiene un “je ne sais quoi” increíble.
    No le recordaba en “El prisionero de Zenda”. A Stewart Granger, James Mason y ¿Deborah Kerr? sí, pero igual me estoy haciendo un lío.
    Sí le recuerdo perfectamente en “Un cadáver a los postres”, hilarante comedia con Peters Sellers, Alec Guinnes, Peter Falk y Truman Capote, entre otros. Muy recomendable.
    Por último, aunque era todo un caballero, fue memorable su metedura de pata con el príncipe Rainiero, cuando éste le preguntó quién había sido su mejor amante y David le contestó que Grace… (viendo la cara que puso el otro, añadió un apellido de alguna actriz secundaria)
    ¿Kendall? ¿Smith?… (no lo recuerdo ahora mismo).
    En fin, un grande incluso en los momentos más embarazosos.
    Un cordial saludo y buena noches.