Imagen política

“Ningún gobierno es mejor que los hombres que lo integran”; John Fitzgerald Kennedy (1917-1963).

      Nos guste o no, la política forma parte de nuestras vidas. Como ciudadanos que somos dependemos de aquellos en los depositamos nuestra confianza para que gestionen nuestros recursos. Por lo que pasar de la política, aparte de no ser cívico, resulta imposible.

      En lo que a imagen estética se refiere, hoy en día el traje se asocia a los conservadores. Estos políticos, junto con los empleados de banca y bufetes de abogados, son prácticamente los únicos asiduos al conjunto monocromático de chaqueta y pantalón de nuestros días.

      Los progresistas se desmarcan prescindiendo de la corbata siempre que pueden y los populistas visten de cualquier manera. Cuanto peor, mejor. Defienden.

      El inmovilismo de los conservadores, también en la imagen, no les ayuda a granjearse mayor confianza ni cercanía que la de sus bases. El terreno de nadie, y de todos, que ocupan los centristas en ocasiones confunde tanto como su programa.

      El centro representa el equilibrio; pero también la fina línea que separa dos bandos.

      No siempre fue igual. Se cumplen 100 años del nacimiento de JFK (1917-1963). Uno de los presidentes más carismáticos de la historia de los EEUU y con gran imagen pública a pesar de tener manías, imperdonables, como abotonar el último botón de su chaqueta.

      John Fitzgerald Kennedy procedía así para ocultar los tirantes que se veía obligado a utilizar a causa de su conocido dolor de espalda. Tomaba la precaución eso si, de mandar coser los dos botones bastante arriba, y juntos, para atenuar el efecto. Confirmando que cuidaba su imagen con esmero. Tanto que durante la década de los 60 define el estilo casual que llega a nuestros días a base mocasines, chinos y chaquetas deportivas.

      Martín Luther King (1929-1968) fue otro ejemplo de que una cuidada imagen no era óbice para ser un gran líder progresista y no poco revolucionario.

      Sir Winston Churchill (1874-1965) fue un elegante conservador.

      Hoy Emmanuel Macron, el presidente más joven en dirigir el país galo, muestra una estética cuidada y agradable. Con la misma personalidad que le ha llevado a ocupar el cargo, no ha dudado en poner en su sitio al todopoderoso Trump durante el primer contacto personal con el detalle de su choque de manos.

      En España, Albert Rivera, se postula como un progresista que cuida de su imagen con cierta dedicación.

      La imagen no se puede separar de la política porque forma parte del mensaje. Cuidar de ella de manera similar al discurso granjea un buen puñado de votos, cuando no confianza, seriedad y credibilidad.

      Muchas gracias y buena suerte,

David García Bragado

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