Ignacio Echeverría, un caballero de la cabeza a los pies

“Un héroe lo es en todos sentidos y maneras, y ante todo, en el corazón y en el alma”; Thomas Carlyle (1795-1881), historiador escocés.

      Integridad. Bondad. Coherencia. Generosidad. Servicio. Compasión. Valentía. Son valores que visten los imprescindibles.

      Ignacio Echeverría fue asesinado el pasado día 3 por tres jihadistas -que causaron el pánico en Londres- de una traicionera puñalada en la espalda cuando acudió a defender a la inocente Sara Zelenak.

      Desconocido hasta que el pasado martes su generosa hazaña le sacara del anonimato, este español llevo sus valores hasta las últimas consecuencias. Dando lo más valioso que todos tenemos, la vida, sin pensárselo dos veces por una desconocida.

      Estaba por allí, le tocó, y eligió el camino de los héroes: involucrase. No paso de largo.

      Ocho minutos duró la refriega. No hubo tiempo de cavilaciones, el enemigo era cruel. Sanguinario. Scotland Yard necesitó disparar medio centenar de veces para sofocar el odio de los integristas. A Ignacio no le valió de excusa lo que tenía, su monopatín y el estupor de la situación, para huir despavorido de la barbarie en el mercado de Borough y desentenderse de quien necesitaba socorro.

      Hay que tener un corazón muy esponjoso, y entrenado, con unos valores muy enraizados para mantenerse fiel a una conducta semejante jugándose la vida.

      Ignacio Echeverría Miralles de Imperial, en el nombre de “Dios es Amor”, combatió al terrorismo como un héroe.

      Cuentan de él que era elegante. Que sabía vestir un traje y la corbata con mérito cuando acudía a la oficina, o un chaqué en las bodas, esperando que llegara la hora de salir a practicar su deporte favorito: el skateboard. Momento en el que se enfundaba unos vaqueros, sus bambas y una camiseta. Como debe ser.

      Espero y deseo que otro Nacho, mi hijo, que nació en el nuevo siglo y también adora el skate sepa valorar el gesto heroico de su tocayo. Un modelo de nuestros días. Alguien fresco, cercano, uno de nosotros, gente corriente y accesible que trasciende a las corruptelas que inauguran día sí y día también los encabezamientos de los telediarios que hoy -este ferrolano de nacimiento- protagoniza por méritos propios.

      Murió abrazado a un madero, el de su monopatín, dando testimonio de otro Moreno clavado en otro con forma de cruz nacido en Galilea hace dos mil años.

      Abogado, con doble titulación en la Complutense (Madrid) y la Sorbona (París), hablaba cuatro idiomas a sus 35 años. Amigo, ejecutivo, familiar, católico. Modélico.

      Ha muerto un valiente. Un hombre bueno. Un héroe. Son más de los que nos parecen aunque a veces el ruido de los villanos parezca querer convencernos de lo contrario.

      Descansa en paz Ignacio.

      Muchas gracias y buena suerte,

David García Bragado

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