Hubert de Givenchy, el penúltimo clásico

“Lo clásico nunca significó aburrido”; Hubert de Givenchy (1927-2018), diseñador francés.

      Moderación y equilibrio. No falla. Por supuesto que además resulta obligado actualizarse, por que del mismo modo que el agua estacada termina oliendo mal anclarse en pantalones acampanados o no afinar las solapas canta. Mas un estilo clásico -evolucionado- siempre será la Elegancia (con mayúscula).

      Hubert James Marcel Taffin de Givenchy, que acaba de fallecer el pasado día 10, representó este espíritu. Destilaba elegancia en su persona, y la transmitía a quien vestía, demostrando que el estilo tradicional -puesto al día- siempre destaca.

      El diseñador francés sabía que la sencillez nos hace poderosos. Que las prendas tienen que poner allí donde andamos escasos y quitar de donde nos sobra. Disimulando carencias y resaltando virtudes. De manual.

      Audrey Herpubn, su musa, declaró: “los atuendos de Givenchy me dieron ‘protección’ contra situaciones y personas extrañas. Más que un diseñador, él es un creador de personalidad”. La protagonista de Desayuno con Diamantes (1961), a pesar de su serena belleza, sentía cierto complejo por su delgadez y grandes pies que Givenchy neutralizó.

      Ese es el único objetivo del vestuario y de quien nos viste. Potenciarnos.

      Hubert tenía clase. Con un frac, vestido de etiqueta, uniforme de labor o con un simple jersey de pico destacaba. Lo mismo le daba. Porque era educado, pausado, sencillo, natural y disponía notables modales al estilo de otros grandes como Ives Saint Laurent, Cristóbal Balenciaga (amigo y maestro de Givenchy) u Óscar de la Renta.

      Emprendedor y trabajador ya quedan contados hombres con su imagen, y lo que es aún peor: menos que le den relevo.

      La generación de los nacidos en el primer tercio del siglo pasado pertenecen a una época donde el vestuario dignificaba, y tenía valor en sí mismo como expresión de una personalidad cultivada. Concepto que se nos escapa, hoy, como agua entre los dedos.

      Las firmas que fundaron tampoco evolucionan honrándolos. A lo que sin acritud Hubert declaró: “Vendí mi firma. No quiero criticar o decir nada malo de lo que se hace ahora. Fin de la historia”. Lo escrito: un señor.

      El estilo Givenchy sintetiza pureza, perfección y ausencia de adornos. Claves que sirven para cualquier época del vestuario masculino.

      La vida necesita fluir como un manantial, estamos de acuerdo, así como los patrones renovarse; pero no en detrimento de una calidad a la que monsieur admitió “ya no se le otorga importancia”.

      Vestirse requiere esfuerzo, que no sacrificio, y los mejores momentos -me temo- están quedando atrás.

      Muchas gracias y buena suerte,

David García Bragado