Horrores, y errores, del verano con ICON El País.

“La vida no es fácil para ninguno de nosotros. ¿Pero qué hay con eso? Tenemos que tener perseverancia y, sobre todo, confianza en nosotros mismos”; Marie Curie (1867-1934), científica polaca.

      La vida tiene estas cosas. Poco importa lo que hagamos para conseguir aquello que queremos. Aunque resulte decisivo intentarlo; la vida manda.

      Mi amigo, Antonio, lleva sin trabajo desde hace más de diez años. Dio saltos precarios de eventualidad en eventualidad -enviando cientos de Curriculums sin éxito- hasta que hace unos días le llamaron para el trabajo de su vida con un contrato fijo. Sin él demandar ese puesto en concreto. Cosas del destino.

      De manera personal, he ofrecido mi experiencia a los directivos de los grandes medios de comunicación sin respuesta. Sin embargo, la pasada semana el periodista de ICON El País Miguel Ángel Bargueño, sin conocernos, me solicitó mis valoraciones. Tampoco era la primera ocasión que aparecíamos en los mejores diarios digitales.

      Moraleja: Abandonarse al destino, que sabe más, y no dejar de hacer lo que uno tiene que hacer. Luego… el tiempo dirá.

      Halagado y agradecido podéis leer el artículo aquí. Y como donde más a gusto se encuentra uno, siempre, es en casa. Entre amigos. Ampliaré mis opiniones al respecto, que no dejan de ser un resumen de las que venimos ofreciendo día tras día. Sin acritud; pues son meras cuestiones de educación.

Sobre la chaqueta:
La chaqueta no se saca nunca, y menos en una celebración BBC (Boda-Bautizo-Comunión). El esperpento de las mangas de camisa acompañadas de una corbata, solo es comparable al dantesco espectáculo de los surcos de sudor que sobre ella pudieran aparecer.

      Un señor que muere de sofoco, por los rigores de los 40º C a la sombra que venimos padeciendo, con una chaqueta puesta es digno de toda consideración y reconocimiento. De firmes valores y convicciones. Un hombre estoico, de los que ya van quedando menos.

Sobre las bermudas:
La bermudas no deben dejarse ver sobre el asfalto. Nunca. Son para la arena de la playa o el césped de la montaña. Pocas circunstancias resultan más desalentadoras que observar los pelos en las piernas de los señores en la ciudad.

      Sobre las medidas de éstas, justo por encima de las rodillas para no dejar ver el traje de baño que debería ir hasta medio muslo en el mejor caso.

      ¿Remangárselas? Por favor… hoy incluso tenemos la oportunidad de encargarlas a la medida.

      Si toda elegancia se caracteriza por dos puntos, el ajuste y la oportunidad, esta costumbre no cumple ninguna de ellas y parece que hayan sido heredadas o no se ha tenido las suficientes luces como para acertar con la talla.

Sobre los sombreros:
Las gorras solo son para los ciclistas y tenistas, en la práctica de su deporte correspondiente… para los demás un sombrero de paja tipo Panamá (o incluso rafia) es todo un símbolo de clase.

Sobre las camisas de manga corta (o incluso peor camisetas de tirantes):
La camisas de manga corta deberían estar prohibidas. Siempre es más acertada una de manga larga remangada con estilo hasta por debajo del codo.

      ¿Y qué decir de las camisetas a lo “Michael Jordan”? Que el mejor homenaje que les hizo la humanidad es colgarlas en el pabellón como homenaje a estas estrellas del basket, para que nadie las sacara de dicho recinto.

Sobre los comportamientos playeros:
Los castillos en la arena y otros juegos infantiles. Son para que nuestros más pequeños nos permitan disfrutar de la lectura y el baño de manera sosegada. Nunca, y repito nunca, un señor debe desplegar toda su sabiduría sobre el complejo mundo de la construcción.

      Por otra parte: ¿qué falta hace tomar champán tumbado en una hamaca balinesa? Los lujos son más exclusivos, pero sobre todo cívicos, cuando se viven en una humilde intimidad.

Sobre los calcetines:
Ojo a los calcetines si nos anudamos una corbata. Siempre deberíamos acompañarnos de unos finos de hilo de algodón o lino. El espectáculo de prescindir de ellos es incongruente, además de fea. La corbata es formal y los pies sin calcetines casual, lo que mezclado evidencia un batiburrillo similar al del viscoso sudor con el cuero interior. Nada higiénico.

      Solo hay una cosa peor que pegar a un padre con un calcetín sudado: usarlos con sandalias. Frank de la Jungla será de todo menos un icono de estilo.

      Por cierto, respecto a las Crolls y las sandalias con tiras de cuero: ninguna como unas menorquinas.

Sobre los vellos:
Estamos en 2017, con apabullante éxito -y normalidad- del Día del Orgullo Gay y todos prejuicios abolidos cuál Apartheid. Los hombres nos quitamos los pelos de todos aquellos sitios donde nos afeen. Sin decírselo a nadie, ni confesarlo como pecado. Como tampoco es necesario alardearse de ello.

      Cejas, orejas, axilas, dedos de los pies, pecho, etc. de donde sea, siempre y cuando no se sepa. Resulta higiénico y bello a partes iguales… toda discreción.

      Muchas gracias y buena suerte,

David García Bragado

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