Hay marrones y marrones

“El arte nace de la atención y los detalles son su comadrona”; Julia Cameron, escritora norteamericana.

      El matiz es importante. Cuando hablamos de un zapato de color negro no hay lugar a la duda a no ser que sea tan brillante que deslumbre, en cuyo caso habrá que reservarlo para la etiqueta. La cuestión se complica con los múltiples tonos del marrón.

      Siempre que calzo el modelo Derby noruego de Vidal Fernandez, como ahora mismo, me acuerdo de lo acertado que fue mandárselos de nuevo al artesano manchego para que los oscureciera. No me quedaba con ellos a plena satisfacción, y valió la pena aplicarles tan solo un grado más oscuro. Quedé encantado. Lo que me sirvió como constatación de lo transcendental que resulta una sutil variación en el tono de nuestro calzado.

      Los zapatos marrones ocupan una proporción mayoritaria del calzado que vestimos a diario, a pesar de que nunca podrá remplazar al negro. Dar con el tono adecuado se hace imprescindible. Tanto para que sean de nuestro agrado a simple vista, como para que encajen a la perfección con el color de nuestros pantalones.

      El tono de marrón chocolate me gusta para cualquier pantalón gris, porque al ser ambos apagados combinan mejor. Mientras que para los azules prefiero ese toque rojizo que le va como anillo al dedo. Para los pantalones pardos ambas tonalidades de marrón le harán igual de bien.

      Con un zapato marrón de tono intermedio, miel, lo mejor serán pantalones de color arenoso. En cuanto al burdeos, puede acompañar hasta un pantalón blanco.

      El zapato siempre más oscuro que el pantalón, lo sabemos, salvo que sea de piel gamuza. Ya que en estos casos, al carecer de brillo y ser más relajados, suelen combinar con cualquier pantalón.

      A la luz natural, único momento en el que deberíamos utilizar este color para el zapato, un tono marrón matiza distinto según la hora y estación. Conviene tener esto en cuenta. Así los más claros se ven mejor durante el verano o jornadas, frías, luminosas.

      Todo esto lo he ido integrando de mi experiencia con los zapatos durante los últimos cinco años, y con los ejemplos que acompaño al presente artículo que hace el número 700. La vida siempre sabe más que nosotros. Dejémonos enseñar por ella, porque nadie es mejor maestra.

      Muchas gracias y buena suerte,

David García Bragado

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