Guía práctica para adquirir un abrigo

abrigo-overcoat-guia-practica-como-elegir-diseñar-00“Dime y olvido, enséñame y recuerdo, involúcrame y lo aprendo”; Benjamin Franklin.

      Hasta que no se ve y entiende, no se aprende. Hace más de dos años y medio que reformamos en profundidad mi abrigo clásico, con más de dos décadas de antigüedad, infringiéndole una serie de modificaciones para actualizarlo a mi gusto. Él que vestí durante la edición 85ª del Pitti. De aquella experiencia sartorial extraje numerosas conclusiones que me valdrán para futuras adquisiciones de esta prenda de abrigo.

      Algunas reflexiones las comparto ahora que, con buen tiempo, nos acercamos al momento de prever las compras de cara a las estaciones más frías.

      Lo primero que deberíamos preguntarnos ante la elección de un nuevo abrigo overcoat (sobre todo) es para qué aplicación lo vamos a utilizar. ¿Cuál es nuestro estilo diario? Si es para usar con chaquetas -de traje o no- o con prendas de punto como jerséis o cárdigans. Es decir, para una utilización informal ó casual.

      La característica fundamental que determina la formalidad de un abrigo es su longitud. Puesto que será más serio cuanto más largo, a la par que más clásico. Aunque siga resultando muy afortunado que su bajo llegue más allá de la rodilla, es tan tradicional que ya casi nadie la utiliza. A la altura de la rodilla resulta muy favorecedor, además de cómodo y actual.

      La cuestión decisiva para elegirlo es el uso al que destinaremos el abrigo: para acompañar a chaquetas o a suéteres. Porque aunque el abrigo no ciñe a nuestro talle como lo hace la chaqueta, el volumen que ocupa la blazer o un jersey es muy diferente y el abrigo tendrá que adaptarse para cubrir una de estas dos piezas.

      Un abrigo para usar con chaqueta necesita tener mayor espacio, suficiente para acomodar estas dos complejas ropas. Las cuales además de armadas, huelgan de nuestra figura y son muy similares. Ambas disponen de una estructura geométrica dotada de quiebros en hombro, sisa, costados, espalda, etc. Mientras que el jersey resulta como una segunda piel.

      El abrigo no ajusta a nuestro cuerpo más que en la cintura, en el caso que exista el posible cinto, aunque solo sea su parte trasera. Sin embargo, su corte debe realizarse para que el abrigo se adapte a nuestra figura igual que en el caso de una americana.

      La hombrera del abrigo debería ser muy sencilla para no exagerar nuestra imagen en ese punto al sumar la de la chaqueta. Las pruebas siempre deberemos hacerlas con una de nuestras chaquetas puestas, aunque parezca una obviedad comentarlo.

      No tener prácticamente relleno en la hombrera de nuestro abrigo es una buena opción en el caso de estar suficientemente armada -esta zona del hombro- por las telas que forman la prenda. Le da un aspecto más natural, casi de hombro napolitano o del tipo camisa. Caso que en un abrigo destinado para el uso con jerséis no parece nada favorecedor porque se vería demasiado caído.

      En ambos casos la costura del hombro no debería ir más allá de donde acaba el nuestro.

      Los pliegues traseros, habilitados en la espalda, sirven para adaptar el volumen de nuestro cuerpo en los movimientos con un bello adorno. No deberían en posición de reposo abrirse, así como tampoco el corte inferior habilitado para facilitar nuestro caminar. La chaqueta debe alojarse -encajando si esfuerzo- en el interior del abrigo.

      El uso de las solapas para el cierre del triangulo del pecho resulta, cuando menos, delicado. Personalmente, frente a replegarlas para protegernos del frío, en esa zona de nuestro cuerpo prefiero la versión de la fila vertical cerrado hasta el cuello. O utilizar un complemento como la bufanda, estilosamente colocada. ¿Por qué? Porque el cuello se afea bastante y la cara interna de las solapas no aportan belleza alguna.

      Es básico que cuando tengamos el abrigo puesto cubra a la chaqueta en su totalidad, solapas incluidas. El cuello del abrigo tiene que cubrir por completo al de la camisa, aunque si asoma parte de la camisa algunos lo valoran como de lucido. Lo que no tiene un pase es que asomen las mangas de la camisa.

      Toda solapa deben estar en contacto permanente con el pecho, en todo momento, no debiendo abrirse. Y el bajo caer a plomo equilibrado, con todo su perímetro paralelo al suelo.

   Respecto a los puños del abrigo, me parecen más propios con cintas o vuelta que con unos botones.

      Si se diseña para el uso con chaqueta servirá también para con el jersey, aunque no quedará tan ajustado, más bien flojo. Lo contrario no parece posible.

   Para conocer algunos modelos que han resistido el paso de los años, más o menos normalizados, en los que inspirarnos podemos apoyarnos en los tipos: Duffle, Loden, Chesterfield o Trech con sus múltiples colores.

      El presupuesto de un buen abrigo arranca en los 2.000 euros y seguramente nos prevalecerá en el tiempo, por lo que conviene tomarse un tiempo de reflexión considerable antes de adquirirlo y, seguramente, justifica disfrutar de más de un café charlando con nuestro sastre de confianza.

      Muchas gracias y buena suerte,

David García Bragado

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  • Anonimo

    Tienes razón los abrigos largos ya se venden. Yo llevo años buscando uno que me guste. Tengo uno desde hace 25 años que lo cuido mucho y es eterno, pero me encantaría encontrar otro, por eso de cambiarlo, pero no lo encuentro. Ya se que es un clásico pero me encantan que me recoja todo el cuerpo, es una sensación que no me da el corto, aunque me gustan, en lo días fríos de invierno no hay nada mejor.

    • vestirseporlospies

      Muchas gracias estimado anónimo por tu comentario.
      Yo de hecho el primero que tuve fue el más clásico y largo, hasta debajo de la rodilla a medio camino con el tobillo.
      Sin embargo, luego lo adapté para hacerlo más actual en detrimento de comprar otro, siempre es más rentable. Coincido pues contigo en que es la primera opción.
      Saludos cordiales,