Estiradores de calzado

“La verdadera grandeza de la ciencia acaba valorándose por su utilidad”; Gregorio Marañón (1887-1960), científico español.

      Cada herramienta debe utilizarse para lo que fue diseñada. De modo contrario es fácil que ocurra algún accidente con daños al operario, al instrumento o al propio producto. Cuando no a todos ellos.

      Si en mis tiempos de minero me dejó perplejo la pericia de sus profesionales. Que eran capaces de salir de cualquier apuro contando por todo utensilio con una barra de hierro (pica del martillo picador) y un trozo de alambre en aquel ambiente tan hostil. El posterior master que realicé en prevención de riesgos laborales me demostró que la accidentabilidad crece de manera exponencial en función del mal uso que se da a cada útil.

      La pasada semana un amigo me pedía las hormas de mis zapatos porque quería ensanchar unos zapatos que comenzaban a hacerle daño en el pie. Decía que los utilizaba mucho y no quería verse privado de ese placer por el mero hecho que comenzaban a molestarle.

      Le explique que las hormas que dispongo son para otra función. Para que no se deformen los zapatos al dejarlos descansar y mantengan su forma original, evitar arrugas perennes, que absorban la humedad, etc… pero que nunca se los dilataría.

      Casi todos los zapateros disponen de artilugios que dilatan el calzado (fotos galería). Ensanchando el calzado en su totalidad a base de unos mecanismos accionados de manera manual mediante husillos que van estirando la piel progresivamente.

      Para un uso doméstico, he descubierto durante estos días otros aparejos que hacen idéntica función de la firma Footfitter.

      Yo los utilizaría de forma paulatina, gradual. En los elementos metálicos, ademas, tomaría la precaución de rodearlos de trapos viejos o finos cueros para que no rayen, ni deformen “abollando” o “muerdan” la piel.

      Me cuidaría, mucho, de quererlos dilatar de una sola vez. Sino en una serie de días, y poco a poco, hasta que el resultado sea el adecuado sin esperar milagros.

      Por supuesto solo los utilizaría en aquellos zapatos que siempre hayan sentado bien, pero que debido a una pequeña deformación de nuestros pies: artrosis, juanetes o dilatación por las elevadas temperaturas lo hagan necesario.

      Nunca los aconsejaría para adaptar al pie la compra de un número pequeño. En este caso lo mejor es devolverlos antes de utilizarlos, de modo contrario deformaríamos tanto el zapato hasta hacerlo inservible, o no lo lograríamos.

      El precio de la maquina oscila en torno a los 500,00 euros, mientras que las hormas arrancan en los 20,00 euros.

      Las dilataciones pueden ser de todo el interior o en una zona puntual. En cuyo caso se recurre a unos apósitos suplementarios (con forma similar a una alubia) o tenazas. Cuya utilización enseña este vídeo.

      Estas tenazas, de aspecto maquiavélico más propia del decorado de una sala de tortura de la Santa Inquisición del siglo XV, no dejan de tener cierta curiosidad.

      En cuanto a los sprays; me cuidaría muy mucho de ellos y casi me valdría de agua o cremas hidratantes.

      Muchas gracias y buena suerte,

David García Bragado
Foto portada: Adriano Dirnelli

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