Estilo FALCÓ

“La grandeza del ser humano es su capacidad de pelear y enfrentarse a la dureza de la vida”; Arturo Pérez-Reverte.

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      No encontramos lo que buscamos sino lo que la vida nos regala. En la mayoría de las oportunidades tras la lectura de un libro, sean cuales sean las expectativas depositadas en él, lo que perdura en el tiempo será nuestra interpretación del mismo. De la última novela de Arturo Pérez-Reverte, su personaje Lorenzo Falcó posee tal personalidad que se identifica -al instante- con la historia que protagoniza.

      No se asuste querido lector, no haré una crítica literaria del último libro publicado del cartaginés, FALCÓ, ni desvelaré más allá de lo imprescindible. Solo realizaré mi particular contribución a su enorme difusión porque me encantó el elegante estilo descrito del espía español.

      Lejos de como asegura el propio escritor; el protagonista tiene su punto de sentimental. Falcó, cierto, no se atiene a reglas, ni siquiera tiene bando, resulta amoral, carece de escrúpulos… pero tiene una ética. La suya. La que define a los hombres que son consecuentes; y se debe -al menos- a una ley: las deudas, por caras que sean, se pagan. También está que a los fanfarrones se les debe pasar factura, aunque en ésta caben interpretaciones.

      Afirmo que el joven ex-contrabandista es cumplidor porque estando inmerso en pleno comienzo de la Guerra Civil (1936-1939) le salvan el pellejo “in extremis” en un lance de la historia. Como consecuencia y sin pensárselo mucho, o justificándolo con un desaire, se lo juega todo para devolver “el favor” a la primera ocasión que se le presenta. Se siente en deuda, aunque solo sea consigo mismo, y cumple.

      Falcó es sincero de manera visceral. Con los demás y consigo mismo. Es capaz de dejar ir, consciente, hacia una muerte segura a una docena de hombres que sabe inocentes sin ápice de remordimiento, aunque luego sepa reconocer que es en el frente donde se baten valientes mientras que en la retaguardia se esconde la chusma. Tampoco él es que dude a la hora de acudir al campo de batalla cada vez que se le precise, como parte del trabajo. Lugar donde se desenvuelve igual de bien que en la barra del bar de un hotel de lujo charro.

      Con todo, me gusta de manera especial cuando Arturo describe a Falcó como un hombre elegante. No le gustan los objetos caros sin más, sino porque cuentan una historia. La pistola Browning, modelo FN 1910, que utiliza es idéntica a la que Gavrilo Princip utilizó para matar el 28 de junio de 1914 al archiduque Francisco Fernando de Austria, heredero de la corona del Imperio austrohúngaro, en Sarajevo. Magnicidio que provocó el comienzo de la I Guerra Mundial.

      La educación a Lorenzo Falcó le viene de cuna, la aprecia y la cultiva.

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      Espero que el copyright de Alfaguara no me pase factura por la reproducción de estas líneas que entiendo resumen lo acertado de la prosa de Reverte cuando describe de forma pulcra al personaje:

“Después de ponerse la corbata de pajarita, el chaleco negro y la chaqueta, se abrochó la correa del reloj —los puños de la camisa, que sobresalían tres centímetros exactos, llevaban gemelos de plata lisa en forma de óvalo— y ocupó los bolsillos con los objetos que tenía cuidadosamente dispuestos sobre la cómoda: un encendedor de plata maciza Parker Beacon, una pluma estilográfica Sheaffer Balance verde jade, un lápiz con funda de acero, un cuadernito de notas, un pastillero de plata con cuatro cafiaspirinas, una cartera de piel de cocodrilo con doscientas pesetas en billetes pequeños, y algunas monedas sueltas para propinas. Luego cogió veinte cigarrillos de una lata grande de Players —los conseguía a través de Lisboa, mediante la estafeta del SNIO— y llenó con ellos las dos caras interiores de su pitillera de carey, que guardó en el bolsillo derecho de la chaqueta”.

      Además, el sombrero Trilby de fieltro castaño que olvida consciente en el vagón al comienzo del libro para no despertar sospechas, el Patek Philippe que luce sobre la muñeca izquierda durante la parte de la historia que permanece en zona rebelde o las puntas del pañuelo que asoman del bolsillo de su chaqueta en el Casino de Estoril son otros de los numerosos detalles que describen mejor que cualquier fotografía al elegante truhán de la última entrega de Pérez-Reverte.

      Una cosa es segura y es que al igual que sucedió con Alatriste, de Falcó habrá nuevas entregas. Porque este personaje, como el espadachín del Siglo de Oro español, es tan genuino que se escapan al control de su autor para crecer con naturaleza propia en la imaginación de los lectores. Imposible de detener sin matar al antihéroe, por lo que su autor tendrá que seguir “alimentando” su leyenda narrándonos nuevas aventuras.

      Muchas gracias y buena suerte,

David García Bragado

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