Empilcharse; vestirse con esmero

“Si no lo puedes explicar de forma sencilla, es que no lo has entendido del todo”; Albert Einstein.

      Me encanta la manera, impaciente y pícara, con la que los más pequeños de la casa definen los conceptos más simples. Con torpe dificultad, propia de su tierna edad, evidencian un conocimiento incipiente, inocente y todavía escaso. En contraposición está la agudeza mental de los mayores para idéntica acción. Es decir, la precisión del que está bien documentado.

      Esta circunstancia nos obliga a hacer un esfuerzo cuando nos comunicamos. Qué el planteamiento sea sencillo y sin adornos innecesarios, para que resulte cercano. Preciso.

      Alberto Blanco, fiel seguidor de VP desde hace años, me descubre que empilchar es una voz que procede del quechua. Término que los gauchos incorporaron al castellano; e indagando encuentro que en Argentina, Uruguay o Bolivia utilizan “verse de pilcha” de manera coloquial.

      La RAE define empilchar como vestirse, particularmente con esmero. Sus sinónimos: adornar, engalanar, atildar o acicalar.

      Ahí es donde reside el valor de empilcharse. En vestirse con cuidado, que no cubrirse como un bruto. Sino en tomar consciencia de lo que se está haciendo cuando uno elige la ropa o se la pone. Realizando esta cotidiana actividad de la mejor manera posible. Cómo todo lo que haremos durante nuestra jornada, olvidándonos del vestuario durante el resto del día hasta desprendernos de ella para irnos a dormir.

      Decía el campeón de España de tirar cerveza, que la diferencia entre una caña más y la mejor son diez segundos. Así, muchos de nosotros pensaremos que anudarse de forma correcta la corbata, lucir nuestra chaqueta bien cepillada o elegir un modelo adecuado de camisa en el comercio, no excede en mucho ese tiempo; y la diferencia resulta abismal.

      No quiero dejar de comentar la noticia que El País publicó ayer, en la Trump una vez más se ponía en evidencia colocando cinta adhesiva en la parte inferior y posterior de la pala de su corbata para que no se le moviera. Por Dios; el hombre más poderoso de la Tierra. ¡¡Donde quedaron los alfileres de corbata!!.

      Además, todos conocemos que no son necesarios porque -nunca- nadie se debe desabotonar la chaqueta por completo. Salvo al sentarnos. Eso no es empilcharse; es emperifollarse.

      Afectación, sprezzatura, empilchar… son términos que combine tener muy en cuenta. Claros. Porqué resultan auténticos y, seguramente, más necesarios de saber manejar que los centímetros que deben asomar los puños de una camisa sobre la manga de la chaqueta o el color del cinturón para utilizar en cada oportunidad. Eso es tan solo una mera técnica que se aprende, mientras que para empilcharse se requiere práctica, constancia y educación.

      Muchas gracias y buena suerte,

David García Bragado

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