Eligiendo el color más favorecedor para la ropa del caballero

El color en el hombre

     Este capítulo lo he reservado todo lo posible, y cuando ya prácticamente no me queda más remedio que abordarlo, reconozco que ha sido debido a que es algo complicado, abstracto y difícil si lo tratamos de razonar. Tanto como artístico, intuitivo y natural si le dejamos decidir a nuestra “genial inconsciencia”.

     Como cuando dimos la pautas para combinar motivos en nuestros trajes con las corbatas y camisas, como combinar los zapatos con el traje y tantos otros capítulos dedicados al asesoramiento estilístico, en este caso no nos quedará más que dar una serie de normas en las que ampararnos o aferrarnos en un desesperado intento de formularlo.

     Sin embargo lo realista es asumir que no hay reglas fijas infalibles y que de lo que más nos conviene fiar es de nuestra fina y delicada intuición. Además, y sobre todo, de la experiencia en todos nuestros ensayos, con sus aciertos y errores.

     Hace días hablaba con mi “charro” amigo Esteban que si bien es muy típica la imagen de la mujer enfrente del espejo probándose prendas de ropa, aunque solo sea sobre poniéndoselas por delante, un modelo tras otro hasta encontrar con el modelo que le sienta bien o mejor, en ese preciso instante y acorde con su rostro, es impensable ese proceder en un hombre y casi, alguno, preferirá ir de “cualquier manera” siempre y cuando no tenga que pasar por ese trance.

     El hombre mira la ropa y la mujer se mira con la ropa. Si bien pueda esto parecer algo exagerado lo que no es de ninguna manera descabellado es que los colores tienen y han de guardar una relación directa con el resto de las pigmentaciones de nuestra fisonomía, así unos nos favorecerán más que otros y a cada quien beneficiarán más determinados. Y no solo eso sino que NO será constante e inalterable en el tiempo.

     No hay reglas infalibles, ni siquiera las que aquí vamos a dar y será -siempre- lo más adecuado prestar atención a lo que vestimos y valorar si nos sienta más o menos bien para poco a poco afinar en esta “pseudaciencia cromática”.

Es indudable el efecto -específico- color sobre nuestra imagen, ¿no?

Aún así estas son nuestras instrucciones;

  • 1ª Regla.

     Los colores complementarios combinan muy bien entre sí. Así el rojo con el verde casa perfectamente por ejemplo para las rayas de una corbata, el amarillo con el azul también en el mismo caso o en el de unos pantalones azules con un polo amarillo y en el naranja con el azul claro en el conjunto de un jersey y una camisa, respectivamente.

     Esto en cuanto a los colores más puros, pero en el caso de que estos se hagan más oscuros sus complementarios se deberán hacer más sombríos, también, y al revés para compensar. Si vemos el círculo cromático, de la figura del encabezado, esto se observa perfectamente.

     Lo ideal siempre sabemos que va a ser usar los colores más vivos para las ocasiones más casual y para los complementos o prendas más pequeñas, así como los más apagados para los trajes chaquetas, pantalones y jerséis (o ropa de más superficie).

  • 2ª Regla.

     Si los colores básicos son el rojo, el azul y el amarillo, todas las combinaciones de los tonos intermedios que están entre estos serán de lo más agraciadas, a la vez que conservadoras.

     Por eso los trajes azules quedan tan bien con el resto de las tonalidades similares; corbatas moradas, camisas claras azules, pañuelos violaceo… Una chaqueta marrón oscura también combinará con las corbatas cremas, los pañuelos tostados y un pantalón beis, por ejemplo.

  • 3ª Regla.

     El gris combina perfectamente con la mayoría de azules y negros. El marrón y el azul es una de las combinaciones de colores más acertadas que se me ocurren para los hombres y si estos son luminosos aún mejor.

  • 4ª Regla

     El marrón combina perfectamente con los rojos, naranjas y violetas, pero sobretodo con los azules de su misma tonalidad, como vimos en la anterior norma. Con el verde botella también hace un gran maridaje.

  • 5ª Regla.

     El blanco ya sabemos que con todo incluso con él mismo así como el negro, pero en este último cuidado con el resto.

     Así aparecen los distintos tipos de colorido para las diferentes circunstancias;

  • Para el trabajo y los negocios; Los -discretos- colores grises y azules son los estrella.
  • Para los momentos casual y sport; Los -osados- colores marrones y verdes son los aconsejados. En los terrosos y naturales tonos pardos y cetrinos, para los días en la pura naturaleza.
  • Para los momentos más atrevidos y relajados, ya hemos visto que son los vivos; Rojos, Amarillos, Rosas, Verde, Naranja,…

     Hasta el momento no hemos tenido en cuenta ningún factor individual como lo son; los fundamentales de la tonalidad de la tez de nuestra piel, así como el del color de nuestro pelo.

     Aquí ya se riza el rizo -valga la redundante expresión- y solo la práctica es la mejor de las pautas porque ni los más redomados expertos se ponen de acuerdo. Así regirá que:

  • Prioritariamente

     El contraste entre el pelo y nuestra piel debería ser el mismo que entre nuestra ropa, normalmente chaqueta y camisa. Por ejemplo un caballero de pelo negro zaíno y tez pálida lucirá con un traje azul marino y una camisa blanca (la corbata debería resaltar como la chaqueta es decir contrastar), así como otro con pelo castaño claro y de piel morena lucirá con un traje gris claro con una camisa azul clara (y la corbata sin disparidad).

     El porque de esto es como siempre para equilibrar y que no llame demasiado la atención la diferencia de tonos de la cara o del traje, sino que ambos estén en el mismo grado de “desigualdad”, así se logra el efecto de compensar las diferencias y potenciar virtudes. La belleza está en el orden y la simetría.

  • Por lógica

     Harto importante -y no por ser de puro sentido común dejaremos de comentar- es que durante el año no tenemos la piel igual de bronceada, ni nos convendrá lucir los mismos colores en las todas las estaciones así; en el verano nos favorecerán menos los contrastes y más los colores “fuertes” cosa que al contrario sucederá cuando hace frío.

     En cuanto a la edad; el pelo suele perder, debido a las canas, oscuridad además de volumen por lo que también empiezan a ser más favorecedores aquellos, tenues, estampados tipo príncipe de gales, espiga en tweed u otros similares.

     Como colofón, podemos admitir que si al mirarnos al espejo algo sobresale por encima del resto o este nos hace más longevos de lo que somos, son dos pruebas irrefutables que algo es conveniente cambiar.

     Lo mejor como casi todo lo artístico en la vida, y sobre todo en este farragoso tema, es conocer solo uno, como mucho dos y nunca más de tres preceptos y probar mucho delante del espejo, no de tiempo, pero si en veces. Para que una vez que la intuición vaya apoderándose de la situación, ir introduciendo nuevos conceptos, en caso contrario nos confundiremos irremediablemente. Distorsionaremos entre lo real y lo virtual y la desorientación puede ser aún peor.

     Si os parece, practicaremos algo sobre las fotografías de la galería, muchas gracias y buena suerte,

David García Bragado

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