Elegantes modestos, pura elegancia

“Honrosa es la alegre pobreza”; Seneca.

      Mantener la dignidad cuando todo lo que te rodea es miseria resulta admirable. Frívolo es pavonearse como un dandi por la La Galería Vittorio Emanuele II de Milán, o tratar de emular a un gentleman atravesando las arcadas Burlington en Londres sin mayor oficio ni beneficio. Sobre todo si la vida te ha regalado una saneada cuenta bancaria.

      Lo que tiene mérito, y mucho, es mostrar tu mejor versión sobre el polvo africano o en medio de las ruinas de Oriente Medio cuando la necesidad aprieta. Resulta un autentico acto de honor y valentía tratar de superar -o convivir con dignidad- una situación desfavorecida. Tan lícita como cualquier otra.

      De paso, se puede ser reivindicativo a través de una imagen elegante. Para variar.

      Revolucionaria para unos, inútil para otros; lo que es seguro es que todos nos desenvolvemos mejor a través de nuestras pasiones personales.

      En España, durante mucho tiempo los más humildes se vestían de Domingo mostrando sus mejores galas para acudir a misa. Campeando con dignidad una situación que obligaba a apretarse, y mucho, el cinturón.

      La RAE define a la elegancia como una forma bella de expresar los pensamientos; y a la pureza cuando se procede con libertad. Los sapeurs en el Congo o los integrantes del club Mr. Erbil del Kurdistan proceden con ambas cualidades a una vez.

Sapeurs
Aunque los orígenes sapeurs se remontan a la década de 1920 cuando André Grenard Matsoua, líder proderechos humanos y considerado primer sapeur, regresa de Paris destacando por su vestuario. La figura se afianza medio siglo después, cuando el músico Papa Wemba, en tiempos del dictador, Mobutu Sese Seko, se reveló a la imposición del abacost (traje estilo mao de tres piezas) con este estilo, de sapeur, como signo de resistencia. Cobra renovado protagonismo en nuestros días con motivo de la muerte de Stervos Niarcos en 1995 considerado uno de los grandes.

      El sapeur, apelativo que proviene de ser integrante del movimiento SAPE (sociedad para el avance de personas elegantes), no se resigna a su pobreza. Están dispuestos a pasar hambre para demostrar su identidad a través del vestuario desafiando a su destino a base de estética y con una moralidad intachable.

      De estilo llamativo y extravagante. Dandi. Acatan algunas normas inglesas como que nunca combinan más de tres colores en el mismo atuendo. Además, su caballerosidad es patente porque se enorgullecen de respetar a sus mujeres, y nunca consumir drogas.

      En su territorio son tan admirados como famosos y se les invita a saraos populares. Cobrando, incluso, por asistir a algunas celebraciones.

      La procedencia del fundador, Mastsoua, unido a que El Congo fue colonia francesa también les valió el apelativo de Les Parisiens. Lugar al que sueñan con peregrinar algún día, al menos una vez en su vida, todos y cada uno de los sapuers.

Mr. Erbil
Si no fuera poco con este movimiento congoleño que crea tendencia en el resto del mundo, surge ahora (2016) un grupo de hombres kurdos en Erbil (Irak) que han fundado un club de caballeros. Mr. Erbil. (fuente Parisian Gentleman de Hugo Jacomet)

      Tratan de mejorar la imagen de su tierra entre las bombas y amenazas del fanatismo del Estado Islámico a fuerza de elegancia. Defienden la imagen del hombre como una forma de respeto.

      Ahmed Nauzad, Goran Pshtiwan y Omer Nihad son tres de sus impulsores aunque hoy integran el club ya más de 30 hombres.

      Moda efímera o movimiento en ciernes el tiempo lo dirá. De lo que no cabe ninguna duda es que en una región que en la década de los 90 fue masacrada por el tirano Sadam Hussein y en la actualidad sufre el acoso del integrismo yihadista surjan jóvenes con estos valores es encomiable.

      Su sensibilidad queda patente cuando defienden la igualdad de la mujer cuando a escasos kilómetros los talibanes esclavizan a las suyas bajo el burka.

      Ambos, congoleños y kurdos, emulan a los pavos reales del Pitti con fotos que luego inundan las redes sociales e internet. Pero hay que biendecir de los menos afortunados, porque de ellos es el reino de la elegancia. Porque ésta es interior.

      Para quitarse el sombrero. Lo de menos es… su estilo.

      Muchas gracias y buena suerte,

David García Bragado

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