Elegante deporte del tenis; una actitud ante la vida

Elegante deporte del tenis; una actitud ante la vida

“La excelencia no es un acto, sino un hábito”; Aristóteles.

El juego interior del tenis de W. Timothy Gallwey es uno de los mejores libros que he tenido la fortuna de leer sobre superación personal. Y no es poco decir porque además de haber leído una gran cantidad de ellos, reconozco que me han sido -casi todos- de gran refuerzo y confrontación.

Todos tenemos nuestras válvulas de escape donde liberar gran parte de nuestra tensión acumulada en las tareas cotidianas y disfrutar así de nuestras mejores sensaciones y donde, además, cada uno dejamos gran parte de nuestra personalidad en su ejercicio.

El deporte de la raqueta es elegancia en estado puro. Desde que uno pisa un club hasta que lo abandona, lo mismo si hablamos del All England de Wimbledon como de cualquier otro, por sencillo que sea.

Por estos tres motivos y dado que el pasado sábado disfruté con mi amigo Jesús Pérez, psicopedagogo por la USC y profesional de la raqueta como experto para Decathlon y su marca Artengo,  de este ejercicio en el Club de Tenis de La Coruña (a los que agradezco su invitación) aprovecharé para compartir cuales son los valores que me ha aportado esta elegante práctica.

Vestuario
La indumentaria de cada ocasión debería ser refinada, concreta y establecida siguiendo la tradición.

Aunque se han relajado, como todas las normas del vestir, muchos encontramos un especial placer siguiendo las normas más clásicas para cada actividad. Siempre evolucionando con los mejores tejidos y más adecuados patrones, pero conservando la esencia.

Yo sigo la lección del gran Luciano Barbera cuando afirma que: “Cuando ve un señor jugando al tenis –clásicamente- está seguro de que podría llegar a ser su amigo”.

Tiempo
El factor tiempo es relativo. Sé impone el concepto de que cada punto puede ser el comienzo de la victoria. Siempre hay tiempo. Nunca es tarde. Como en la vida misma, cada instante nos permitirá dar un giro y en cada punto ganado puede estar el primero de la victoria final y definitiva.

Por lo tanto también hay que “trabajarlos”, todos y cada uno. El más importante, y único que existe, es el se está disputando.

Rival
Es un compañero y cuando mejor es, mejor nos va a hacer a nosotros mismos. Del mismo modo a como la competencia en el entorno laboral es necesaria y muy positiva para nuestro crecimiento y desarrollo. Es un don para nuestra mejora.

Confieso que casi nunca gano un partido, siempre me cito con los mejores jugadores que conozco. Como beneficio en muy poco tiempo mi técnica ha mejorado ostensiblemente. Mi victoria es la mejora constante.

Educación
Es otro síntoma evidente de que nos encontramos ante un “buen jugador”. El respeto por el contrincante debe prevalecer por encima de todo. Y es del todo reprobables las, por otra parte inusuales, artimañas que algunos puedan usar, cual John McEnroe cuando buscaba descentrar al rival.

Ejemplos como Rafael Nadal deben ser nuestra inspiración, y la educación una máxima a aplicar en cada práctica vital.

Mentalidad
Como la vida es eminentemente consciencia plena. Solo cuando sale nuestra instintiva naturaleza se alcanza el mayor nivel. Me explico: de igual modo a como somos capaces de atrapar un objeto que se nos cae al suelo desde las manos con una reacción automática, refleja y casi instintiva. Algo que difícilmente lograríamos si este acto es premeditado.

Escogería para asimilar este noble deporte con la vida misma una frase del tío del mito:

“De Rafa destacaría su capacidad de lucha. Si hay algo que se echa en falta hoy en día en cualquier ámbito es precisamente la voluntad de superación, el esfuerzo, la perseverancia y la satisfacción por el trabajo bien hecho”. Toni Nadal.

Muchas gracias y buena suerte,
Fotografía: © Jose Manuel Salgado