El vestuario de un maestro

“Los educadores, más que cualquier otra clase de profesionales, son los guardianes de la civilización”; Bertrand A. W. Russell (1872-1970), filosofo y matemático inglés.

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Muy señores míos:
  Soy profesor de enseñanza secundaria en un instituto público. Al igual que ya comentó otro trabajador de la administración pública, yo también tengo que lidiar con la relación de las formas, no sólo en el vestir. Sirva como ejemplo que algunos compañeros consideran que es excesivo pedirle a los alumnos que hablen a los docentes de usted, cuestión que yo considero esencial.
  Yendo al grano, me gustaría que me aconsejasen cómo vestir con cierta formalidad, pero sin que te miren con condescendencia o como un bicho raro. ¿Debe considerarse obligatoria la americana o no?
  Agradeciendo su paciencia y generosidad aprovecho la ocasión para brindarle un distinguido saludo.

Francisco P. H.

      La profesión de maestro deberían ejercerla personas sobresalientes. Además de ser reconocida y pagada de forma acorde recordando palabras de Arturo Perez-Reverte. Esta valoración la compartirá toda persona bien formada, puesto que agradecerá la inspiración que le brindaron sus mejores profesores.

      De manera personal recuerdo a muchos de mis profesores. Tanto a los que me dieron una buena formación como a los que con su proceder me reafirmaron en cómo no se debía obrar. Sobre algunos de la EGB o de la Universidad ya he escrito aquí; y gracias a la consulta de Francisco he recordado a uno del instituto público donde estudié. El IES Ordoño II de León. Su nombre era Manuel Morales, me dio matemáticas en 2ª de BUP, y guardo un grato recuerdo suyo.

      Morales poseía un gran ingenio a parte de una corta estatura, y -quizá precisamente por lo segundo- abogaba por restaurar las tarimas en las aulas. Opinaba que el profesor debía “elevarse con respecto a la plebe” como de forma jocosa le gustaba pincharnos. Para solo acceder al mismo nivel del suelo que nosotros, bromeaba, en las generosas oportunidades que elegía el profesorado.

      Hoy creo que no iba demasiado desencaminado. Los profesores son distintos a los alumnos, faltaría más. En dignidad humana todos somos iguales pero, por el bien de ambos, la diferenciación debe ser patente.

      ¿Acaso tienen iguales responsabilidades un padre y su hijo, un juez y el acusado, el médico y su paciente…? Las funciones son diametralmente distintas y, no está de más, hacerlo patente también con el vestuario. De modo contrario, al menos una de las partes no lo estará haciendo bien.

      Los cuerpos de seguridad visten uniformados para diferenciarse de los ciudadanos en el ejercicio de su función, los jueces en su sala lucen puñetas blancas en la toga, los curas sotana dentro de las iglesias o los médicos su sempiterna e inmaculada bata durante la consulta. Son la autoridad en su campo, y como primera evidencia patente de ello está su imagen.

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      En cuanto a las aulas es digno de ensalzar a aquellos cuyo, bendito, uniforme centra a los estudiantes. En el resto de institutos o en las universidades los profesores han de distinguirse, notablemente, de su alumnado también en el conocimiento de cómo proceder en la elección del vestuario.

      Me vale la clásica imagen del “viejo Profesor” D. Enrique Tierno Galván (1918-1986) pero no la del “progre” de la Complutense Pablo Iglesias. La diferencia generacional, o de criterio, no puede ser una disculpa al buen gusto y la educación.

      En cuanto al vestuario concreto del docente, efectivamente, creo que la chaqueta es un mínimo indispensable para el ejercicio de su profesión. En ocasiones puede ser sustituido por una chaqueta de punto (cárdigan), un jersey de pico o similar. De todas formas un estilo casual debería ser lo mínimo, y el sport inaceptable.

      No es descabellado que de vez en cuando, con la disculpa de alguna ocasión en la que se recibe a unos padres, la visita de un inspector, una auditoria o recibir al agente comercial de la editorial de turno un traje informal o la corbata sirva para poner de manifiesto la mejor versión.

      El profesor inspira, y es referencia en todos los sentidos. Máxime sobre cerebros tan influenciables y esponjosos como los de los adolescentes. Y estos se están educando entre su casa y en el colegio durante -prácticamente- el 90 % del tiempo.

      Si la mayor señal del éxito de un profesor es cuando comentan que sus alumnos trabajan igual cuando no están en el aula, de la misma manera lo será su imagen y modales sin resultan recordados.

      Muchas gracias y buena suerte,

David García Bragado

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