El traje que todos deberíamos tener

“El camino a la sencillez está lleno de complicaciones y de esfuerzo”; Peter Brook, director de cine inglés.

      Existe un traje a partir del cual surge el resto. Aquél cuyo patrón sirve de pilar sobre el que construir nuestro vestuario. De manera análoga a la camisa blanca de puño doble, el zapato Oxford negro liso o la corbata sólida Macclesfield (verde, granate, gris o azul) sobre los que ir sumando nuevas prendas… Y que rara vez superan.

      El color del traje básico no puede ser otro que el azul o el gris. De un tono oscuro, que no marino ni marengo, sino a medio camino entre éstos y los intermedios. Yo los denomino a 3/4 o al 75 % aunque son conocidos como noche (RAL 5022) o antracita (RAL 7016) de manera respectiva.

      El azul alegra más, el gris aporta mayor sobriedad.

      Una composición de lana virgen para el conjunto de chaqueta y pantalón uniforme, Super 120/100 con 250-300 gramos por metro de peso, es apta para utilizarla durante ocho meses al año. Asumiendo que el señor de Helsinki (Finlandia) no disfruta del mismo clima que otro en Cadiz (España). El mohair o la alpaca son, también, una excelente elección. Con empaque y que se arruga poco.

      Antes que un anodino liso luce más un sutil estampado. El discreto fil a fil, un diminuto ojo de perdiz, una espiga discreta o cualquier otro motivo que sea prácticamente inapreciable en la distancia -pero evidente para su portador- marca la delgada línea entre un traje más y el trajazo.

      En cuanto a la solapa. Mejor que no termine en pico puesto que lo haría tan formal como para impedirnos utilizarlo en la mayoría de las ocasiones. Mejor un cran “subidito” con los picos de corte redondeados y entre once y trece centímetros de ancho según nuestra corpulencia.

      El vuelo del tercer falso botón (dos para tres) existente pero no practicable, conseguido a base de puntadas de hilo es la firma del conjunto. Los pespuntes en el canto o contorno perimetral de la solapa, de existir, que sean tan finos que solo los aprecie su poseedor.

      Detalles como un tercer bolsillo, o de ticket, y la doble abertura en la espalda siempre son bien recibidos.

      Asentar. La chaqueta se tiene que ceñir al contorno de nuestro cuello de pico a pico de la camisa, la manga caer donde termina el hombro y de ahí a la muñeca asemejarse al agua que brota de un caño. Natural. Sin ninguna arruga, como tampoco alrededor de los botones de corozo en el cierre.

      El bordado de los ojales a mano y el plastrón en crin de caballo armando el pecho como refuerzo de la entretela son una delicia para aquél que aprecia la calidad.

      Antes de irnos a un corte cruzado en la chaqueta, aunque sea más bello, me iría a por un chaleco. Sencillamente por que tendríamos dos trajes en uno.

       El chaleco de hilera sencillo seguro que lo incorporamos a nuestro día a día en más oportunidades que si es cruzado. Propio de ceremonias o eventos. La tercera pieza cuanto más sencilla y discreta sea, más lograda y utilizable será.

      Medidas. Que nunca deje ver la cinturilla del pantalón y su pico en V no suba del esternón. Si tapa demasiado la corbata afea.

      En cuanto a los pantalones, el dobladillo siempre va a ofrecer mejores prestaciones en la caída. Además resulta genuino. Las pinzas son necesarias, al menos una fina para marcar el nacimiento de la obligada raya y evitar antiestéticas arrugas en esa zona.

      Entre preparar la cintura del pantalón con botones en su interior y dos lanzaderas tensoras laterales o una central posterior para sostenerlo con tirantes, o la trabillas y el cabillo para albergar al cinto. La primera son todo ventajas.

      Un bolsillo posterior, otro delantero para las monedas camuflado a la derecha en la unión con la cintura que no usaremos, pero donde podemos albergar de urgencia ese botón que se nos ha caído o gemelo que se nos ha roto, y los dos bolsillos laterales sin entrada biselada completarán unos pantalones para el mejor traje.

      Altura. Fácil: debe besar el zapato, sostenerse en la cintura y caer recto como la bajante de un canalón desde el tejado a la acera. Pasando por todo el centro de la pierna desde la ingle hasta el centro de los cordones. Así de sencillo.

      El traje debe partir nuestra altura en dos mitades exactas. La superior ocupada por la chaqueta y la inferior del final de ésta al calzado.

      Complicado mejorar la sencillez del traje que todos desearíamos tener.

      Muchas gracias y buena suerte,

David García Bragado

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