El sentido que le damos a “Vestirse por los Pies”; V. P.

Si bien es un hecho, que como apunta nuestro sabio refranero, el hábito no hace al monje y que aunque la mona se vista de seda, mona se queda; no lo es menos, que la imagen exterior de una persona, en nuestro caso el hombre, dice mucho de la personalidad completa de éste y es, además su carta de presentación.

NO HAY SEGUNDA OPORTUNIDAD PARA UNA PRIMERA IMPRESIÓN.

      Una imagen bien cuidada, trabajada, atractiva… determinará, a buen seguro, la percepción y predisposición de los seres humanos con los que nos encontraremos a lo largo del día hacia nosotros; nos ayudará a establecer una mejor empatía y hablará bien de nosotros desde un primer momento. Es simplemente un punto más a añadir a otros tantos valores del caballero, como lo son: su cultura, su saber estar, su comportamiento, su educación, etc.

      Que el investigador Albert Mehrabian afirmara que de lo que comunicamos solo el 7% lo hacemos con las palabras y las universidades más prestigiosas ratifican con estudios científicos la importancia del vestuario en  las relaciones humanas, debieran ser suficientes ejemplos que ratificarán su importancia. No obstante, será suficiente sopesar en cómo nos reciben en cualquier centro público asistiendo al mismo con nuestra mejor y peor imagen posible.

      De este modo, sin ser ni más ni menos importante, el vestir y la elegancia, forman parte de la holística integral de la personalidad del individuo. Los beneficios de “vestirse por los pies”, son innumerables y tienen un efecto inmediato, ya que una buena uniformidad en el caballero, consigue desde el primer momento, el anhelo de toda persona; el de ser apreciado a primera vista.

      Al cuidar nuestra imagen exterior, estamos mostrando respeto por nuestros semejantes, el evento al que se acude, pero sobre todo por nosotros mismos, y esto se nos agradece encarecidamente. Recordemos que cuando teníamos nuestra primeras citas de novios, nos arreglábamos lo más pulcramente posible para agradar, para gustar; por respeto y admiración a nuestra pareja. ¿Por qué no hacemos eso todos los días? Para los demás, con toda la gente y haya a donde acudimos. Es un acto de generosidad, afecto, respeto, hacia los que nos rodean. Me arreglo y me pongo impoluto, primero por mí y luego para con los demás.

      El recuerdo de una elegante imagen permanecerá imborrable en el tiempo, la aprobación inmediata de todo con el que entramos en contacto y la armonía a la hora de combinar el conjunto (vestidor de los distintas prendas) y el grado de formalidad (distínguete según al acto al que se acude) serán los pilares sobre los que se sustentará nuestra elegancia. El ser y el estar.

      En este blog te ofreceremos nuestras ideas y un espacio, para que el que lo desee, comparta las suyas con nosotros. ¡¡¡Bienvenidos!!!

      Muchas gracias y buena suerte,

David García Bragado

[mc4wp_form]