El respeto; Valor necesario y valioso del caballero

Tras el valor de la puntualidad me veo motivado -y porque no admitirlo animado- a comentaros mi impresión acerca de otro valor que admiro profundamente y es del “Respeto”. El respeto en el amplio sentido de la palabra pero que trataré de centrar en el cada uno mostramos por los gustos o la imagen que muestra cada uno de nuestros semejantes o con la que nos presentamos hacia ellos.

Entiendo que cualquier señor que se considere con el calificativo de caballero, nunca reprocha en público ninguna cuestión o error ajeno sino que es mucho más elegante una crítica constructiva en privado, con la clara intención de lograr una mejora en la persona a la que se alude y no un lucimiento del conocimiento del que la ejecuta. La soberbia suele estar escondida tras esta actitud.

En mi opinión el estilo es propio, individual e intransferible. Cada uno tenemos el nuestro a la hora de desarrollar cualquier actividad en nuestra vida y no lo podía ser menos el de la ropa con la que escogemos vestirnos. Quizás eso sea lo maravilloso y seguramente lo que cale, de ser original, en nuestro entorno.

Crearte o reinventarte tu propio estilo es lo fundamental, no es tan importante lo que llevas sino “como” lo que llevas; la naturalidad es patente y no puede disimularse. Entendemos que la clase se tiene, el estilo se crea y la elegancia, además de que se puede adquirir, radica en la naturalidad. Tan cierto como que si dos personas se visten de la misma manera no transmiten lo mismo, ni mucho menos, como si tu te vistes de dos formas distintas, en un mismo instante, tampoco despertarás idénticas emociones.

Por el mismo motivo un error de protocolo es siempre perdonable por ignorancia y todos hemos aprendido de alguna manera. Los mensajes “tú” no me parecen de recibo ya que como decía el sabio dicho judío; “Si quieres cambiar el mundo, cámbiate a ti mismo”. El respeto por el prójimo no es afear el fallo ajeno, sino mostrar con nuestra actitud en cualquier momento y circunstancia, cual es el debido proceder. Quizás esta sea el mejor magisterio que podemos ofrecer, somos primates aprendemos sobretodo con lo que ve nuestro ojo no con lo que oye nuestro oido.

Permitirme más divagaciones; todos tenemos el anhelo, incuestionable, y el deseo de sentirnos queridos, reconocidos o aceptados por nuestro entorno (la pertenencia a la tribu o a la manada del Sr. Punset), ¿estás de acuerdo? Tras unos segundos de recapacitación y en el caso de confirmar mi suposición, nuestra imagen puede sesr -y es- nuestra primera tarjeta de visita ¿no?. Pues entonces lo que recomendamos es crear cada uno su propio modelo copiando lo menos posible, pero –si- inspirándose en todo lo que nos es afín y sin querer agradar como fin único, porque incurriremos en el error de fallar por artificiales o, lo que es peor aún; conseguirlo y no poder mantenerlo o quererlo en última instancia por razones obvias.

Tampoco es baladí “Quién se viste que” o “Que se viste quien”, es decir, ¿qué pasaría si alguno de nosotros –los simples mortales- nos permitiéramos cometer las licencias del dandy más elegante de todos los tiempos? ¿Gianni Agnelli?.

Hace poco comentábamos que si a Cary Grant se le considera elegante y se le hace una foto con un fondo de andamios, automáticamente convierte la instantánea en elegante… esta reflexión me invita a trasladaros otra. Nuestro estilo no es cuestión de matices o momentos puntuales, es consecuencia de una forma de vivir y por lo tanto de comportarse. Un gesto o una manera educada también “viste” nuestra personalidad de no poca elegancia.

La ropa, tantas veces lo repetimos, solo es como la sal de una sabrosa comida, el condimento que puede dar al traste con nuestra imagen. Pero también habla de nuestra personalidad porque ¿qué podemos imaginar de una persona que descuida su higiene o su imagen representa caos y dejadez?. Por el contrario, ¿qué nos evoca un caballero que rezuma modales, inmejorable presencia y gran gusto por el cuidado de los detalles?.

En este punto y como finalización, también me gustaría comentaros el modelo de Joseph Campbell cuando describió el guión tipo de “El camino del héroe”, que me ha mostrado mi tocayo y mentor el Sr. Fernandez por el cual todo caballero dañado por la adversidad se recompone y sale fortalecido de esta circunstancia. Es en este punto donde pienso que radica gran parte del camino del caballero de nuestros días; gozando de los buenos momentos al máximo y en los que son, a priori, nefastos asimilándolos tomando las magistrales enseñanzas que siempre la acompañan y saliendo en mejores condiciones de las que se encontraba en antes del agravio.Os puedo exponer el siguiente caso personal y es cuando en mi trabajo cometo -no pocos- errores y soy corregido. Paso mucha vergüenza además de sentir una gran frustración, pero una vez digerido el comentario y asimilado, lo estudio con detenimiento y como beneficio encuentro más sabiduría por el mero hecho de aprender del mismo e informarme más acerca de ese tema. De paso, aumento el dominio y autocontrol sobre mis emociones y seguramente una lección que tardo en olvidar y que será difícil que cometa en una segunda ocasión.

Como siempre si nos dejas tu opinión al respecto, será para el bien de todos los que lo leamos y aprendamos del mismo. Muchas gracias por tu tiempo.

  • YELENA KONDAUROVA

    Hola. Hace un rato yo encontrE esa frase:” Exigete respeto si no puedes merecErtelo.” Muchos dicen:”!Respeto!” ?Y tU te lo mereciste, mi amor? Yelena, Rusia.

    • Amoreno

      Qué bueno estimada Yelena, gracias por compartirlo con nosotros. Yo crecí con una frase que se me olvidó colar en el artículo “El respeto no se impone se tiene”, ahora con unos pocos más de años puedo decir que; “El respeto algunos te lo pueden mostrar o negar; pero el que merece la pena se lo gana uno y es el que tienes por ti mismo y por los demás”. Muchas gracias y saludos cordiales.

  • waco

    Me quito el sombrero ante Usted.Maestro.

    • Amoreno

      Muchas gracias fiel amigo Waco, y yo por igual respeto hacía tí. Un saludo muy cordial,