El lujo de lo bueno y el precio de la calidad

Costar valer con el máximo beneficio

“Cualquier persona puede ser heroica de vez en cuando, pero ser un caballero es algo que se tiene que ser durante todo el tiempo”, Luigi Pirandello

El título del presente artículo bien podría resumir la esencia de nuestro mensaje. Pretendo dejar constancia en cada nueva ocasión que se me presenta, y quizá hasta daría para un nuevo libro completo ahora que ya le hemos cogido gusto. Antes me comprometo a mejorar la redacción: más sencilla y fluida, además de esperar contar con más medios que no mejores colaboradores, lo cual sería imposible. Si acaso iguales.

Me identifico con la célebre frase de Steve Jobs; “No tiene sentido contratar a personas inteligentes y después decirles lo que tienen que hacer. Nosotros contratamos a personas inteligentes para que nos digan que tenemos que hacer”. Esta introducción tendrá más que ver de lo que parece a priori con el tema que abordamos a continuación.

La intención -una vez más- es clara; HUIR DEL LUJO, pero aspirando a la mejor calidad. El lujo superfluo, no sostenible, efímero, basado en nombres propios, tendencias pasajeras, etiquetas no es de recibo. En muchas ocasiones solo es debido al fenomenal marketing realizado, cualidad realmente notable y meritoria pero si no se corresponde con las cualidades del artículo a promocionar, estará vacío de contenido y será un puro engaño. Además de encarecer el producto y no aportarle valor.

Lo que pretendemos en este momento será estudiar las variables que entendemos definen un buen artículo para el caballero.

Permitirme centrar el artículo con una experiencia propia de la que a buen seguro todos tenemos a menudo; Cuando hace ya más de 13 años paseaba con mi por entonces novia, hoy querida esposa, por mi hermosa ciudad de nacimiento Oviedo, me compré una camisa blanca con finas raya rojas en una camisería cercana a la irrepetible plaza de la Escandalera. Aún hoy conserva una calidad en su tela más que aceptable, habiéndola usando más de 3 veces al mes de media. Actualmente todavía puedo ponérmela muy dignamente.

Sin embargo hace apenas dos años me regalaron otra de una reputada marca en unos grandes almacenes, que por delicadeza omitiré los nombres propios ya que desde su segundo lavado no ha dado la cara… La diferencia de precio entre ambas, años al margen, es más de tres veces. Además del apego que tengo por la primera, el cual aun siendo muy difícil de cuantificar seguro que tendría precio de joya. No ocurre lo mismo con la segunda a la que con gusto haría jirones aparte de no volver a confiar en dicha firma.

¿Cómo podemos entonces compatibilizar el precio y calidad? ¿En que reside exactamente la calidad? ¿Qué es un verdadero lujo? ¿Cuándo la relación en la calidad y precio es la adecuada? ¿Existe una relación coherente y lógica en lo que pagamos por un artículo y lo que cuesta su producción y distribución?…

Vamos a dar nuestra opinión independientemente del tipo de artículo al que nos refiramos, bien sea este un traje, un zapato, una camisa, cualquier complemento o un reloj, por ejemplo.

Para -casi- cualquier elemento de nuestro vestuario valdría el mismo razonamiento,aunque nos valdremos de ejemplos concretos para fundamentar nuestra opinión, servirá similar deducción para cuantos objetos a nuestro alcance y disposición tengamos.

Entiendo que las distintas variables para valorar el auténtico lujo de una prenda o artículo para nuestra adquisición serán;

1. La durabilidad y nobleza de sus materiales; Indudable que la longevidad que alcanza un artículo con las características originales intactas hablarán de su calidad (así como su buen uso). De nada nos valdrá adquirir una camisa de una buena firma y bien cortada si la tela en su composición, pongamos de poliéster, hará que su suciedad salga con dificultad o su vida se acorte con celeridad.

Una vez más será un lujo el poder contar con un zapato con 10 años en perfecto estado para su lucimiento, además de muy rentable. La calidad de su piel, materia prima, es entonces decisiva. Es un costo y este no es fijo, pero es de un valor real y ponderable.

Cuando valoramos, por ejemplo, unos gemelos idénticos en diseño pero que se realizan en diferentes materiales; en latón y en oro, es la naturaleza de su materia prima la que le dotará de su categoría de calidad. Sin embargo, esta obedece a un valor (bursátil) establecido de forma -más o menos- objetiva.

Una máxima sería; No se puede dar gato por liebre y mucho menos escatimar en la materia prima cuando la pieza es “presuntamente” reputada, seguro que el margen no justificará la pérdida de credibilidad.

Un artículo de calidad debería estar fabricado con materia prima de primer orden.

2. La atemporalidad de su diseño y el modo de elaboración; es el valor añadido que se le da a la materia prima. Pongamos unos paños de tela y unos cuantos botones de la misma calidad para confeccionar una chaqueta. En este caso el corte y su cosido posterior van a definir de una manera determinante la prenda; así su calidad vendrá dada por la estética de sus solapas, bolsillos, costuras… y el aspecto general que ofrezca el conjunto, determinará su nobleza.

Un buen diseño, a medida o de confección industrial, será un auténtico lujo. La calidad está en su manufactura. Es quizá la más obvia de las variables. A los materiales habrá que trabajarlos, durante la elaboración del producto, por las manos más expertas, para que no se convierta en un “estropicio”.

Una buena tela tiene que ser trabajada por un mejor sastre para que su forma prestigie la tela que trabaja. De nada vale lo contrario y siempre resultará mejor creación una tela mediocre por manos expertas, que un gran textil en un aficionado, entiendo.

Además creo evidente que el verdadero lujo será el poder lucir una prenda cuyo estilo sea igual de adecuado para toda la vida, que esta no quede anticuada y que no sean las tendencias momentáneas las que nos hagan aconsejable o no su uso.

Una obra de arte es un lujo que se luce en cualquier época y me gusta pensar que esta tiene que tener una característica clásica.

Un artículo de calidad tiene que ser confeccionado con diseño atemporal.

3. Su diferenciada personalización y limitada exclusividad; En cualquiera de sus características. Así una tela de una seda especial para realizar una serie muy limitada de corbatas o pañuelos hará que estas tengan un mayor valor por lo limitada de la serie resultante.

Si estos artículos son realizados por un sastre cualificado determinado o con un cosido y corte especial; las ya conocidas corbatas italianas de una sola pieza y 7 pliegues o el bordado manual del contorno de los pañuelos de bolsillo. Las series únicas o muy limitadas, obviamente, aportan un gran valor por diferenciación de las selectas obras que se producen.

Es indudable que la ley de la oferta y la demanda se impone y todos sabemos que hay unos costes fijos ineludibles en función de los cuales una mayor serie atenúa, al repartirlos, entre una mayor producción. Por eso una diferenciación provocará que el coste sea más elevado.

Debido a esta cualidad, además, cualquier trabajo bespoke siempre estará dotando de una mayor bondad al artículo por su cuidada y esmerada elaboración, asimismo ya sabemos que las prendas a medida son las que mejor sientan, más favorecen y por lo tanto son las más deseadas.

Detalles únicos que puedan llevar como bordado nuestro anagrama o escudo sobre nuestra ropa, sean realizados a nuestro gusto o tenga nuestra medida exacta para que, por ejemplo en el caso de una corbata bespoke, una vez hecha nuestro tipo de nudo favorito ambas puntas de la corbata rocen nuestro cinturón o tenga la forma de nuestro pie y troquelada en la suela nuestras iniciales un zapato, pueden ser todo un lujo.

Los detalles pueden marcar la diferencia por el cuidado de los mismos y la posibilidad de su elección, así nos pasa que muchas veces en la ropa que adquirimos, incluso cuando nos gusta mucho, siempre podemos llegar a pensar: ¿Y si no tuviera este forro? o ¿si pudiera tener otro cuello? o ¿distinto puño?… será un lujo para los que deseamos usarlos, que sobre una base podamos definir nuestras personales preferencias. La firma Burberrys -por ejemplo- está ofreciendo esta posibilidad en su tienda “on line” para acercarse a los gustos de cada quien y dar la posibilidad de definir su mítica gabardina según los particulares gustos de cada cliente. El bespoke, sabemos que es lo ideal pero en un segmento hay infinitos puntos intermedios.

Un artículo de calidad debería ser confeccionado para su único cliente.

Tengo que reconocer que de joven he sido muy “marquista”; Lacoste, Lottusse, Levi´s, YSL… y un larguísimo etcétera, pero cuanto más conozco la artesanía de los productos elaborados por profesionales de prestigio, más me veo abocado a los nombres propios y no a las marcas, más a los profesionales y menos a las firmas, como dije en la primeras ocasiones que me atreví a hablar de estos temas (en público): “CUANDO EL GUSTO SE AFINA, LA SASTRERíA SE HACEN IMPRESCINDIBLE”, porque el lujo es poder hacer realidad lo que uno sueña o descubre y eso no se suele hacer de serie, ni se encuentra a menudo o sin demasiado esfuerzo.

Es preferible, por lo tanto, una prenda cortada y cosida con el mejor tejido artesanalmente con todos los detalles requeridos que se nos ocurran, con un buen número de puntadas suficientes, con la mejor calidad, durabilidad y comodidad, con un diseño que hemos definido a nuestra elección para que la elabore un profesional, que la mejor confeccionada industrialmente por una marca que -con mucha probabilidad además- la subcontrata a una empresa con fabricación impersonal y seriada, porque ésta nunca fue realizada PARA nosotros sino para una masa uniforme que la adquirirá impulsivamente.

Además en este segundo caso normalmente el precio se multiplica por varios enteros, se fabrica en cualquier país subdesarrollado (en clara competencia desleal) y con unas materias primas mediocres. Podríamos cuestionarnos, por otra parte, en que hay de sostenible en las camisas de 10 euros, los zapatos de 20 € o en las toneladas de ropa que las multinacionales del sector terminan enterrando en los vertederos todos los años.

Por no hablar de las rebajas y los márgenes… esto quedará para otra ocasión, pero ¿Tu qué opinas?

  • fatima

    Muy interesante

    • Amoreno

      Muchas gracias,

  • Harry

    Me parece muy acertado tu objetivo de redactar de modo más fluido tus experiencias y opiniones. Hay mucha calidad en tus contenidos y en ocasiones, se vuelve algo barroca con tu estilo de redacción. Me permito también, con toda mi voluntad de ayuda, recomendarte que revises algunas tildes y construcciones sintácticas que no acaban de encontrar -de vez en cuando- su sitio en el texto.
    Por otro lado, me parecen muy acertados los tres elementos del lujo que mencionas. Si tuviera que añadir uno, incorporaría la descarga emocional para el propietario de adquirir, poseer, lucir, heredar….un objeto que provoca una emoción especial. Alguno de mis pares de zapatos están unidos a un esfuerzo especial y los considero un lujo, un reloj heredado de mi padre…sean o no valorados así por un perito o un experto marquista. Vaya ladrillazo he soltado.

    • Amoreno

      Muchas gracias por tu amable y constructivo comentario estimado Harry. Llevas toda la razón, en mi formación de Ingeniero no he cultivado como debiera el arte de las letras y aunque leo mucho a diario… es mi gran “hándicap”, junto con los idiomas. Por otra parte, considero que tienes toda la razón en cuanto al valor sentimental de las prendas o artículos, para mi es el GRAN valor. Muy honrado con tu participación, y de ladrillazo nada, muy interesante.
      Saludos cordiales,