EL ESTILO: LA PERSONALIDAD TRASLADADA AL ATUENDO por Lucio Rivas

“En unos, el estilo nace de los pensamientos; en otros, los pensamientos nacen del estilo”; Joseph Joubert, moralista francés.

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      Siempre me gustaron los artículos sobre la temática masculina. Tras escribir casi seis centenares de ellos, y leer algunos más, creo que es el momento propicio para dar entrada en ésta vuestra página a otras plumas que nos enriquezcan con el valor de los suyos.

      El primer colaborador elegido es Lucio Rivas, que de manera caballerosa -como es su proceder- aceptó la invitación. Lo cual le agradezco de forma pública.

      Lucio es cofundador y actual presidente del club privado El Aristócrata, y creador y editor del blog Clase, Elegancia y Distinción. Además, colabora con Radio Intereconomía en su espacio semanal dentro del programa “Estilo y finanzas”. Considerado por algunos medios como uno de los hombres más elegantes del panorama actual, lo que resulta incuestionable es su referencia dentro del mundo de la elegancia y el refinamiento.

      Encantado os dejo con él… ¡bienvenido Lucio!.

      Muchas gracias y buena suerte,

David García Bragado

El estilo no es otra cosa que aportar nuestra personalidad en todo lo que hacemos. De tal modo que el estilo lo podemos plasmar en todas nuestras manifestaciones vitales, por esta razón encontramos desde el estilo en el escribir, hasta el estilo en decorar, y el estilo en el vestir no constituye una excepción.

El estilo en el vestir aparece generalmente confundido con otros conceptos como son, por ejemplo, la clase o la elegancia. Comúnmente se habla de estilo como sinónimo de estos sustantivos cuando en realidad obedece a parámetros bien diferenciados.

Se puede tener estilo sin ser elegante, y se puede ser elegante sin estilo. La perfección es tener un estilo con elegancia, conjunción ciertamente difícil pero no imposible y que obliga a quien aspira a ello a cuidar todos los aspectos de su persona.

Los parámetros de la elegancia se pueden aprender y enseñar, el estilo se puede desarrollar con el tiempo y la clase se tiene o no se tiene. Esto es a grandes rasgos lo que puede ser el elemental aserto de estos tres elementos que, como hemos manifestado, aparecen generalmente confundidos.

El estilo se desarrolla y transforma de manera innata con el paso del tiempo. Por ello la elegancia es lo que se puede destacar, la clase es lo que se puede admirar y el estilo es lo que se puede copiar. Es precisamente en este extremo donde podemos diferenciar quien tiene estilo de quien no lo tiene o no lo ha desarrollado aún. Tendrá estilo siempre aquella persona que pueda ser imitada en su forma de vestir, o quien pueda ser reconocido a través de una caricaturización. A sensu contrario, quien no pueda ser imitado o identificado por su atuendo es que no tiene estilo.

La consecuencia del estilo es dejar huella, porque impresiona y gusta porque es la impronta de su portador que denota la cultura, gustos, personalidad y forma de ser. Dos trajes iguales cortados por el mismo sastre no lucirán nunca igual porque cada persona le dará un toque de diferenciación, un signo, una señal que traslade su personalidad a la indumentaria. Esa personalidad que nos diferencia de los demás es precisamente el estilo.

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Con un par de pinceladas podríamos perfectamente identificar el estilo de personas que lo han pulido con un aporte de personalidad único como es el caso, por ejemplo, de Lino Ieluzzi, Massimiliano Mocchia Di Coggiola, Hugo Jacomet, etc..

Todos ellos pueden parecerse en el vestir pero jamás sus estilos pueden ser confundidos, podemos reconocerlos e identificarlos, porque encarnan la esencia del estilo como la prolongación del interior de cada uno, lo que les lleva a exteriorizar con enorme personalidad lo que los demás no saben, porque el estilo no es más que ser diferentes del resto.

El estilo no es otra cosa que la prolongación de nuestro verdadero interior, y si no lo entendemos así correremos siempre el riesgo de parecer que estamos imitando algún estilo preexistente, o mimetizándonos con un entorno concreto, o incluso incorporando a nuestra imagen aspectos ajenos a nuestra personalidad, lo que supondrá que tendremos un estilo, pero no será “nuestro estilo”, será otro, copiado, imitado o impuesto, pero no dirá nada de nosotros.

Por eso, y aunque pueda herir muchas susceptibilidades, tengo que manifestar que los asesores de imagen lo que muchas veces consiguen es imponer el estilo alguien que no lo tiene, y lo que es peor, que no tiene personalidad o gusto para tenerlo, porque al final lo que se consigue es algo más artificial que natural o espontáneo. Es como cuando encargamos a un decorador que intervenga en nuestra casa, tendremos una casa que tendrá un ambiente acogedor, pero no tendrá nuestra personalidad.

El estilo debe transcender más allá de la indumentaria, porque es la plasmación de nuestra propia forma de ser en el vestir, por eso los elementos esenciales del estilo son tres:

1º) Personalidad. Debe ser uno mismo quien elija la indumentaria y sentirse a gusto con lo que decida ponerse.

2º) Comportamiento. Nuestros modales deben siempre ir acordes con el estilo que tengamos, de modo que se nos identifique a través del estilo, para evitar disonancias.

3º) Entorno. Sea cual sea nuestro estilo debe poder adaptarse siempre al momento en el que estemos, lo que supone que el estilo no debe ser algo encorsetado, sino versátil que nos permita adaptarnos a cada situación sin renunciar a nuestro propio estilo.

Lucio Rivas Clemot

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