El caballero se viste, también, elegante para permanecer en casa

Una frase que pide mármol a gritos fue la que nos dejo nuestro estimado Luca Rubinacci no hace muchas fechas cuando nos aseguraba que “Un hombre es elegante hasta en pijama”, y es precisamente en estos pequeños detalles y reservados momentos cuando no hay lugar al error y se descubre tácita e indubitadamente, quien es un caballero que cuida los modales propios de tal título y muestra sus verdaderas características. Cuando vamos a una boda, asistimos a una fiesta o incluso con el mero hecho de salir de casa, quien más y quien menos se prepara para la ocasión, pero y ¿cuándo vamos a disfrutar de ese placer diario del descanso nocturno? o cuándo nos despertamos y no pensamos salir inmediatamente del dulce hogar ¿con que nos vestimos?. ¿Qué caballero porta un estupendo traje durante toda la jornada bien conjuntado y por la noche se acuesta vistiendo una camiseta cualquiera con un calzoncillo?… Son preguntas todas estas que no cuadran, es como intentar mezclar el aceite con el agua; imposible. No podemos esperar mucho de quien descuida sus formas en la intimidad de su hogar, porque no olvidemos que es una elección, libre e integral el cuidado de nuestras maneras, y si mimamos los mínimos detalles y en toda ocasión, no hay duda que estaremos ante un hombre que se viste –integra y constantemente- por los pies.

Cuando permanecemos en nuestro domicilio no debemos descuidar nuestra imagen ni mucho menos, es más debiéramos dar continuidad a nuestro vestuario diario. Una máxima que venimos defendiendo -desde siempre- es que nos vestimos para que nuestra imagen se proyecte al exterior de la mejor manera posible correspondiendo con lo que sentimos en nuestro interior, pero en principio y sobre todo como respeto a los demás y a nosotros como premisa y necesidad fundamental. Además, quien se merecerá disfrutar de nuestros mejores modales que nuestra familia nuclear; padres, esposa, hijos… y todos aquellos que tengan la fortuna de convivir con nosotros. Ya que sobretodo nuestra primera motivación es el gusto por mostrarnos ante nosotros mismos con la imagen que nos corresponde, la de caballeros “integrales”.

Quizás algunos hemos crecido con la retahíla de tener una ropa para salir y otra para casa, lógico si se trata de niños que machacábamos la ropa por nuestros juegos y cuando esta era más bien escasa. Era en otro contexto en el cual para tener una presencia digna en la calle deberíamos preservar la que disponíamos… pero ya somos, todos, unos señores.

Comentaremos también que el dulce y apacible espacio hogareño ajeno, de cada cual, no puede ser visitado, sin previo aviso y aquiescencia de los dueños bajo ninguna circunstancia. A partir de esta premisa cuando uno tiene la certeza y el convencimiento que no va a recibir a nadie ya en su hogar, salvo causa de extrema excepcionalidad (como un Tsunami, por ejemplo) y en cuyo contrario caso es más que respetable la opción de no abrir la puerta a nadie (o azuzarle a “la mayor bestia” que podamos tener cada cual en su casa), uno procede a ponerse elegantemente cómodo a partir de ciertas horas. Yo no soy partidario de ponerse el pijama hasta que uno se va inmediatamente a la cama o se ha dado la pertinente ducha al final de la dura y agotadora jornada laboral o festiva (en cuyo caso no aplican normalmente los adjetivos) o tras el beneficioso deporte que muchos practicamos después de nuestra dilatada jornada laboral y por supuesto quitárselo, todo lo más tarde, tan pronto hallamos desayunado.

En cuanto al vestuario, los pijamas -y las batas- de seda son evidentemente los de mayor calidad, aunque son estupendamente válidos los de algodón (ambos para todo el año), lino (para el estío) o una franela o lana especial (cachermira) para los más frioleros. Huir de los “esquijamas” o combinaciones de camisetas con otras prendas interiores, de nada valdrá al día siguiente vestir nuestras mejores prendas y se pillará antes a un descuidado que a un cojo. Si alguien es capaz de vestir a ciertas horas en su casa con una bata larga, un más que correcto pijama, las exquisitas “slippers” y adornando su bolsillo superior del pecho con un pañuelo; a buen seguro estamos hablando con un caballero que rezumará la mayor elegancia en cualquier ocasión que se le presente.  Hay variedades al clásico pijama de hilera sencilla de botones y son las camisas de dormir muy usadas en otra época, primer tercio del siglo pasado, y que han desaparecido de nuestros días, pero que de encontrarnos con algún modelo no deberíamos descartarla sin antes probárnosla. Puede ser una delicatesen al alcance de pocos eruditos.

No me gustaría divagar mucho más sobre este intimo tema, y ser concisamente breve; para mí y lo he contado en el capítulo de los placeres con que se homenajea un caballero puede haber pocos y más sencillos momentos que me inspiren mayor felicidad que con el que para despedir el presente describo; “Después de cenar y tras una veraniega jornada playera o excursión por la naturaleza en el invierno, retirarme al porche en la cálida estación o junto a la hoguera en la fría, pero siempre con una deliciosa lectura, para con el sonido de fondo el mar o el crepitar de la madera ardiendo, regar mi garganta con un Aguardiente Bella, un Oporto, … y vestido para la ocasión con mi mejor atuendo casero”. Es el descanso del guerrero, un merecido homenaje al alcance de cualquiera.

Y a ti, ¿qué te inspira el descanso?

  • YELENA KONDAUROVA

    Hola. Les recomiendo la empresa italiana Tombolini. Yo vi las fotos. Me gustó su producción. Besos. Yelena.

  • Amoreno

    Muchas gracias, estimada Yelena, en alguna ocasión ya hicimos mención a esta elegante firma italiana de la región de Marcas, la retomaremos ¿como no?. Saludos cordiales, amiga.