Diario de un dependiente. 31/10/2018

“Sólo hay una definición válida de un objetivo comercial: crear un cliente”, Peter Drucker (1909-2005), doctor en derecho considerado el precursor de la dirección y gestión en la empresa moderna.

      El que tenga tienda que la atienda. Llevamos abiertos desde el 19 del presente mes, y por fin tenemos contacto directo con el jefe. El cliente. Rara avis que se deja ver en menos oportunidades de las que a priori había sopesado.

      Si con la participación de todos vosotros en este blog se disfruta, y mucho, el trato personal en el espacio físico que hemos creado se convierte en un auténtico placer. Divertido y enriquecedor. Se aprende, se comparte.

      No pocos lectores, del libro y la web, se han acercado hasta el número 59 de la calle más Real de La Coruña. Algunos incluso con el volumen editado hace cuatro años bajo el brazo para que se lo rubricara. Cuestión que, lógicamente, he agradecido de forma especial. Además, hemos tenido la fortuna de contar con la visita de personajes destacados de la ciudad como el periodista de La Voz Pablo Portabales o el sastre Cesareo García de Loza. Amigos, familia y público anónimo.

      Los señores que hasta la sastrería -tienda de ropa- se han acercado sobretodo estaban interesados por la medida, los básicos y las opiniones al respecto de lo que les podría sentar bien o convenir. Asesoramiento. Este último aspecto resulta el más agradable porque permite un debate del que ambas partes, jefe y dependiente, se benefician.

      Respecto a la medida bajo patrón o testigo, que es la que realizamos, entiendo que tiene que ser apoyada por las medidas directas sobre el cuerpo del que portará la ropa. De otra manera, sobre todo sin pruebas intermedias, los desajustes tienen mayores probabilidades de aparecer. Ahí tenemos puntos de vista diferentes con fabrica, pues opina que no siempre casan.

      La venta requiere de tiempo. Muchas horas de comercio abierto y años para dar confianza. Observo con asombro el trajín de las centenarias joyerías que nos rodean. Aunque también es impulsiva. Siempre aconsejo meditar, pues acercará al acierto que va en relación al conocimiento y la reflexión. Las prisas solo son buenas para los cacos y los malos toreros.

      Anécdotas ya tenemos. El domingo, que abrimos para dar servicio y tantear el mercado, entró un marinero griego desembarcado en Fene-Ferrol que hacía turismo por el centro de la ciudad sin conocer una palabra de castellano. Bueno sí, sabía dos: pantalón y descuento. Presentaba en el suyo una raja desde la ingle hasta la rodilla y no quise saber cómo se la hizo. Entró a por un par nuevo de nuestros chinos sport para sustituirlos. Talla 50 en la que difícilmente entró su envergadura de estibador y se los llevó puestos dejándome los jirones que portaba. Pago en metálico con un billete verde y su semblante era propio de una novela de Herman Melville. Glups.

      Los comienzos son duros. Creo que sí me dieran un euro por cada vez que escuché estas cuatro palabras ya habría amortizado la inversión. Pero también están resultando entrañables y novedosos; engancha estar en tienda, y estoy deseando compartir nuevas experiencias con cada uno de vosotros. Hasta entonces: muchas gracias y buena suerte,

David García Bragado