Detalles de sastrería: El pasador para el cierre del cuello o chaboleta

ojal-sardineta-ojal-pestillo-pestaña-martingala-cierre-cuello-chaquetas-abrigos-chaboleta-00“Nadie parte de la nada. Se mejora con otros -antes-, y de uno mismo -después-”; Yehudi Menuhin, director de orquesta estadounidense.

     La ignorancia tiene similares efectos que la inconsciencia. La primera se soluciona con el estudio, la lectura y el interés por aprender; además de con buenos maestros que nos estimulen. El desconocimiento, a corto plazo, nos hace más feliz nuestra existencia -o al menos más relajada- porque cuando no sabemos no nos incomodan las cuestiones que nos afean.

     Mientras predomina el desconocimiento no detectamos aquellos defectos que una vez descubiertos es imprescindible subsanar. Es algo así como una mancha en nuestra ropa: hasta que no se ve es igual que si no existiera, pero una vez detectada nuestro bochorno será tal que no estaremos a gusto hasta limpiarla.

     Inicialmente podemos, o no, reparar en la manera de como se fija la entretela de una chaqueta (si va cosida o termo-fijada), la rotación de la corona de una manga en su encuentro con el hombro, incluso la “curva” que dibuja esta en reposo, o la rectitud de las perneras de un pantalón. Sin embargo, la práctica afina el gusto.

     Para reconocer una prenda sartorial la mirada entendida no repara en los nimios detalles como si está desabrochado el botón de la bocamanga o similares, sino en la caída del conjunto. En cómo se adapta al contorno de cada cuerpo. Las ondas o arrugas que al común de los mortales le parecen triviales, el profesional ve un botón desubicado, una costura desplazada escasos milímetros de su correcto punto o incluso un mal planchado.

     Los primeros pasos de conocimiento son rápidos y visibles. Detalles como distinguir entre un ojal bordado a mano de uno realizado a máquina, suelen comenzar a despertar nuestro apetito. Sin embargo, hasta lograr discernir entre un corte realizado con una tijera o con una cizalla, o si el picado de una solapa es manual o máquina requerirá de una dilatada maestría.

     Lo que no suelen fallar son los detalles. Aquellos que no siendo exclusivos de lo artesanal, a la confección industrial le resulta inviable -económicamente hablando- ejecutar o, simplemente, no repara. Ahí rara vez hay posibilidad de equivocarse.

     Hace algunas fechas escribimos sobre los tipos de bolsillos con pliegues inverosímiles o muy difíciles de encontrar en los comercios, existen algunos más. El de la pestaña o lanzadera de tela con ojal para cerrar el cuello, de ahora, es otro.

     Este pestillo de tela saliente es conocido, según distintas fuentes, como cuello de martíngala, ojal en sardineta o pestaña de pestillo. Nuestro amigo Antonio Puebla nos informó de que su auténtico nombre es chaboleta, y que proviene de los chaquetones marineros cuando los utilizaban para abrigarse la garganta.

     De todas las maneras, ese un detalle “sastrero” que en ocasiones también se presenta -embebido- como una prolongación del cuello, con una forma de éste adaptada y prolongada. El detalle de la portada está tan bien logrado que incluso dispone de un botón cosido en el interior del cuello, por si en alguna ocasión se desea esconder este detalle y que no quede suelto.

     Esta trabilla con ojal para el cierre del cuello es lógico que salga del lado del cuello en el cran, y no del de la solapa, sino sería redundante. Ya que sabemos que el ojal es el vestigio del que se utilizaba para cerrar la casaca militar –de la cual proviene nuestra chaqueta- en su último botón (donde acaba el torso y comienza el cuello). Y esta pestaña se utilizará para cerrar el cuello si la tela (trasera) de éste es alzada verticalmente (y no la solapa).

     Lo más indicado es realizarlo en los abrigos, puesto que este cierre realmente se utilizará en esta prenda además de favorecer resguardarse frente al frío. En las chaquetas obedece más a un detalle –prácticamente- decorativo, puesto que raramente se usa.

     De todas maneras son estos detalles los que marcan las diferencias en el cuidado del diseño.

     Muchas gracias y buena suerte,

David García Bragado

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  • Jaime Romero-Requejo

    Un detalle más que no conocía. Fenomenal y enriquecedor artículo. Esperando con impaciencia la siguiente entrega.

    • vestirseporlospies

      Muchas gracias estimado Jaime por tu amabilidad…. Si Dios quiere y gracias a que estáis ahí 🙂 Un abrazo,

  • Francisco Javier Losada Gómez

    No dejas de sorprenderme con la esquisitez de los artículos. ENHORABUENA una vez mas. saludos

    • vestirseporlospies

      Muchas gracias estimado Francisco por tu amabilidad. Vamos a hacer una cosa si te parece… vosotros no dejéis de sorprendernos con vuestra exquisita respuesta y seguiremos haciéndolo lo mejor posible 🙂 Un abrazo y muy agradecido,

  • Anonimo

    Cada día me sorprendo mas con la ignorancia que tenemos sobre las prendas, me encanta seguir tú blog, cada día aprendo algo nuevo, sigue así acabaras haciéndonos unos expertos o por lo menos algo menos ignorantes. Gracias por los aportes, no te canses de abrirnos la mente.

    • vestirseporlospies

      Estimado anónimo, seguimos el dicho de: “Si quieres aprender; enseña”. Primero aprendemos nosotros, luego lo compartimos y -más tarde- volvemos a aprender con vuestros comentarios. Gracias a vosotros por hacernos posibles, y recibe un cordial abrazo,

  • José Peña

    Tengo un par de chaquetas tweed inglesas y ambas llevan ese accesorio, aparentemente se usa para reforzar el cierre de la chaqueta cuando llueve y hay mucho viento, en situaciones como la caza o el campo.

    • vestirseporlospies

      Muchas gracias por tu apunte estimado José. Efectivamente parece una circunstancia muy lógica…
      Enhorabuena por tu buen gusto y saludos cordiales,

  • ALBERTO

    Que razón tienes, la ignorancia es muy atrevida y con este artículo me he dado cuenta de ello. Una maravilla tu exposición, es muy gratificante aprender cada día algo nuevo. Un saludo.

    • vestirseporlospies

      Un abrazo Alberto, todos aprendemos un poco cada día… malo el día que no. Un abrazo y saludos cordiales,