Dependientes

“El proceso de la venta es algo que haces por o con el cliente, y no a éste”; Zig Ziglar, (1926-2012), experto en ventas.

      Un dependiente es un profesional de la venta. Dotado de un carácter marcadamente comercial, tiene que además dominar la comunicación interpersonal.

      Todos conocemos a alguien capaz de vender un puñado de arena en el desierto o una bolsa de hielos a un esquimal, sin embargo esta condición resulta necesaria pero no suficiente para un buen dependiente. Para que este perfil resulte completo debería tener, además de un conocimiento absoluto del producto a vender y como se utiliza;  don de gentes.

      La mayoría de nosotros podremos traer a la memoria algunos dependientes que nos asesoraron de manera positiva. Porque el acto de comprar en ocasiones tiene mucho de visceral, instintivo incluso, y si nos confundimos o quedamos insatisfechos rara vez propiciará una segunda acción. Sin olvidar que la mejor publicidad es el boca a boca y acertando resulta difícil olvidar y fácil de fidelizar.

      Particularmente recuerdo a un profesional de unos grandes almacenes que me vendió una chaqueta granate hace más de dos décadas. Esta prenda me duró muchos años, me enseñó lo fácil que serían unos cuantos arreglos y que para combinar me sería igual de sencillo que con una azul marina. Acertó de pleno, y aún le recuerdo.

      Un trabajo debería permitir la realización de la persona como profesional. Cantaba Facundo Cabral que un hombre que no ama lo que hace, aunque lo haga durante todo el santo día, es un desocupado. Y como no hay mayor felicidad que poner la plena consciencia en lo que se está realizando, si un dependiente -como cualquier otro profesional- se entrega a su labor (de servicio hacia el cliente y conocimiento de negocio) se aproximará a la autorealización.

      Llegar a la luna tiene una dificultad -a nivel de complejidad- insignificante en comparación con el manejo de las relaciones sociales humanas. El gran handicap de la profesión pues, aunque siempre está la exigencia del promotor sumada a la del cliente o jefe. Por que para Mercadona los compradores somos el JEFE, Inditex ha crecido por saber atender nuestra demanda y el Santander incentiva a los que guardamos allí nuestros ahorros. Por citar ejemplos cercanos de éxito.

      El jefe no es el dueño, el único soberano es el cliente al que todos nos debemos y gracias al que sobreviven los negocios.

      En un caso ideal, el dependiente debería ser un cliente de la firma o -aún mejor- fan. ¿Quién mejor iba a vender sus productos?

      Un cliente satisfecho será la mejor publicidad (y gratuita). Incluso al contrario, si nos critica, el que más información nos dará (también gratis). ¿Y cuantos euros gastan las firmas en control de la calidad y mensajes publicitarios?.

      Dice Pepe Mújica: “Cuando compramos algo no pagamos con dinero, sino con el tiempo que nos llevó ganarlo”. Y es lo más valioso que todos disponemos y lo único que no podemos recuperar. Nuestro tiempo.

      Es mi idea hacer un diario del dependiente por mi admiración a Miguel Delibes y lo mucho que me gustan su diarios (Diario de un cazador, Diario de un jubilado o el Diario de un emigrante) y espero acumular suficientes vivencias que trasladar en las horas que permanezca en el local o en contacto con el cliente en las visitas comerciales. Os iré contando; y si algún profesional desea participar del proyecto FieldS Coruña, puede ponerse en contacto con nosotros a través de la dirección de correo: vestirseporlospies@gmail.com.

      Muchas gracias y buena suerte,

David García Bragado