Cuestión de estilo (clásico)

“Maestro; ¿qué es triunfar?. Triunfar es aprender a fracasar”; Alejandro Jodorowsky, escritor chileno.

      Seamos realistas, el estilo clásico no es el único. Ni tan siquiera tiene un seguimiento mayoritario. Tampoco cuenta con la consideración de los medios de comunicación masivos sino que más bien resulta de ámbito reducido.

      Sin embargo: ha demostrado ser el estilo más fiable, rentable, sostenible, estable y, sobre todo, bello de cuantos existieron. El único sobre el que se construye y mejora. Generador de ARTE.

      Los mocasines Horsebit es la única pieza del vestuario que se ha ganado un lugar permanente en el Museo Metropolitano de Arte en Nueva York, y son clásicos.

      El estilo clásico tiene sentido. Su razón de ser obedece a una historia que resiste el paso del tiempo con buena salud. Que de idéntica manera al calzado de calidad; mejora con su uso, el paso del tiempo y un correcto mantenimiento.

      Perdura a base de tradición, cultura y conocimiento. Solera. Pero también investigación. En contra de las modas anuales, cuyo pedante discurso promociona una imagen agresiva. Casi insultante para quien no comulga con ella.

      Los productos realizados con estilo clásico esta preparados para durar años. Su valor reside en que utiliza más el ingenio, los materiales nobles, el esfuerzo y la preparación que dinero. Son fabricados para disfrutar, no de manera artesana en exclusiva pero si preferente.

      El estilo tradicional no es una mera cuestión de saber combinar los motivos de la corbata con los del pañuelo o los colores de las camisas con las chaquetas, sino que el conjunto tenga alma. Él de quien lo viste.

      No es postureo. No son formulas. No es la forma, es fondo y la actitud de sentirse orgulloso que no prepotente. Una virtud, y no una amenaza.

      Tampoco se trata de darse atracones de estilo clásico. Sino que como toda alimentación saludable se consume en pequeñas y cotidianas raciones.

      Saber discernir cuando utilizar una camisa blanca o la azul, el zapato negro o el marrón o cuando no se puede prescindir de la corbata es importante. Y se deben dominar estos conceptos antes de explorar colores más allá del gris o del azul.

      Cuando nos sintamos perdidos, retornar a las raíces para comenzar de nuevo es inteligente. Y, siempre, es mejor fiarse de un ejemplo que de un veredicto.

      Combinar los calcetines con la corbata no es una fórmula sino un recurso, sutil, donde demostrar esmero. Pero carente de toda obligación moral.

      Esta moda la inició el bello de Brummel (1778-1840), revolucionó el Duque de Windsor (1894-1982), y Cary Grant (1904-1986) con sus contemporáneos la llevaron a un esplendor que no retornará. Aunque hoy muchos, incluidos famosos como David Gandy o Colin Firth, la honramos en primera persona.

      Las imágenes de estilo clásico cambian con las generaciones, se adapta, pero su estilo permanece unívoco.

      Vale que el estilo de hoy en día de las ciudades se haya amoldado al estilo rural de hace décadas, y el informal a formal. De acuerdo. Vale que quizá no viva para siempre; pero ya dura más de cien años y malo será que no dure algún siglo más.

      Las raíces son la fuente de la que brota la vida. Permítaseme la cursilería. Si perdemos, que al menos no perdamos la lección.

      Muchas gracias y buena suerte,

David García Bragado

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