Cuestión de elegancia

“Hay que buscar la verdad y no la razón de las cosas. Y la verdad se busca con humildad”; Miguel de Unamuno, erudito español (1864-1936).

      Tras una inundación, el recurso que primero escasea es el agua potable. En nuestros días, con semejante saturación de información que inunda la web la calidad en los contenidos resulta minoritaria. El talento, la talla intelectual que se personaliza en referencias de valor brilla por su carencia.

      Dentro del sector en el que nos encontramos, cualquiera que aspira a influenciador se hace con unos cuantos miles de seguidores (sospechosamente logrados en poco tiempo con menos publicaciones) en su perfil de las redes sociales -ahora de manera prioritaria en Instagram– y se transforma en adalid. Aunque no haya leído ni un solo libro sobre el tema, ni aún menos escrito cuatro líneas seguidas sobre nada. Sobran unos cuantos me gusta de aprobación para que sea cosa hecha.

      En contraprestación a esto, existen señores de dicción impoluta, humildad arrolladora, agudeza sorprendente y un conocimiento patente cuya imagen se corresponde absolutamente con el resto de su personalidad. No pretenden ser elegantes ni mucho menos, sino corresponder con su imagen a la educación recibida.

      Porque ésta, y no tantas otras, es la virtud que acredita a cualquier referente. La formación.

      El pasado domingo disfruté de un debate entre Iñaki Gabilondo y Antonio Garrigues Walker en You Tube. Soy muy aficionado a las conferencias desde niño, y ésta en concreto la recomiendo para aquellos amantes a los pensadores brillantes. Nos transporta a un tiempo no tan lejano donde programas como La Clave eran usuales en los medios de comunicación, y que hoy hay que rebuscar entre la hemeroteca digital.

      Garrigues Walker es, además de uno de nuestros mejores juristas, presidente de honor del Alto Comisionado de la Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR) y doctor Honoris Causa por tres universidades españolas (una barcelonesa y dos madrileñas) y una americana (Buenos Aires). Sabe de lo suyo y no poco de lo ajeno. Es culto y se muestra elegante porque sabe, se informa y tiene la cultura suficiente. Completa.

      El letrado vestía un traje de tono gris medio propio de las cuatro de la tarde en que discurría el evento. Bien cortado, apostaría incluso por quien se lo hizo, lo acompañaba con una camisa azul clara y una corbata azul muy oscura grenadine. Zapato Oxford de piel negra y un reloj de oro, Rolex, fruto del trabajo como presidente del bufete de abogados que lleva su apellido vestía como un Señor (de toda la vida). Elegante, discreto y actual.

      De hoy, ayer y siempre. La elegancia en todas sus vertientes, pero con una raíz interna, siempre es bien recibida. Daba gusto ver, ademas de escuchar, a este abogado. Una referencia, integral.

      Al periodista le vi como acostumbra. También correcto, bien, muy bien. Discreto y en su sitio con un conjunto de chaqueta tweed de cuadros y una camisa gris clara como la corbata de un tono similar a los pantalones oscuros y zapatos de cordones marrones Derby. Gabilondo nunca está de más, ni peca de menos.

      Atrás queda un tiempo en el que todos estos valores se cultivaban juntos con solida convicción. Ser honesto, trabajador, culto, integro y mostrarse de manera decorosa no era sospechoso de reaccionario. Algunos iban incluso más lejos en su defensa que el beneficio propio en detrimento del de la sociedad. En el nombre del servicio y la responsabilidad social.

      Todo esto no se logra sin herencia, con ejemplos concretos. Y no nos faltan referentes. Lo que pasa es que escasean y nos inunda la mediocridad; y… la verdad, lleva su tiempo hacerse.

      Muchas gracias y buena suerte,

David García Bragado

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