Cuellos fuera

“¡No corras, vete despacio, que a donde tienes que llegar es a ti mismo!”; Juan Ramón Jiménez (1881-1958), poeta español.

      Son tantas las cuestiones que me restan por aprender que en ocasiones siento cierto pudor al escribir. Si algo me anima a no cejar en el empeño es precisamente lo poco que hay escrito sobre nuestra temática en la lengua de Cervantes, y lo ajeno que resulta en la de Shakespeare.

      Los cuellos de las camisas se llevan luciendo por fuera de la chaqueta desde hace la friolera de cien años. Ya en 1920 los camp collar, cuellos de campamento en inglés, asomaban por fuera de las americanas.

      Su nombre original les delata, y nos informa de aquellas situaciones en donde se utilizaba esta costumbre. Las de mayor asueto y en un entorno campestre.

      Esta tendencia fue adoptada hace un siglo cuando se relajaban las formas y los caballeros se desprendían de sus corbatas, con lo que dejaban los cuellos de las camisas desbocados y salían de su cobijo natural.

      Luego, más tarde, en la década de los años 70 del siglo pasado los utilizó John Travolta para bailar en Fiebre del sábado noche (1977) o los Bee Gees cantando Holiday (1967). Por lo que también se conocieron como cuellos de discoteca (disco collar).

      El mejor aval viene de la mano del ilustrador Laurence Fellows (1885-1964), maestro de maestros. De todos modos; cualquiera que fuera alguien en la década de los setenta o los locos años veinte lucia ese palmito. Walt Disney, Marvin Gaye, Elvis Presley, Chuck Berry, Gregory Peck,…

      Este estilo setentero, que parece renovarse cada cinco décadas (1920-1970-2020), también se usa con jerséis. Aunque no todos los cuellos valen, pues los indicados son los de tipo cubano (blandos, generosos y terminados en pico).

      El lino o un cambray por sus características serán tejidos ideales para este tipo de camisas. Que sobre una blazer ligera de algodón y acompañando a unos pantalones de sarga hasta la cintura o vaqueros en la cadera y mocasines o -ya de puestos en casual– con espardillas aportarán estilo en verano.

      Están asociadas a las camisas de manga corta y/o con atrevidos estampados tropicales o hawaianos. (Por ahí si que ya no paso. Allá cada cual).

      Los picos por fuera deben ser usados con no poco aplomo y discreción, si esto es posible, aunando naturalidad durante el descanso vacacional.

      Un runaway (fugitivo) collar, por que los picos se escapan de la chaqueta, no se viste de manera improvisada. Porque estos tipos de corte en los cuellos prácticamente no entran de manera natural dentro de la chaqueta y porque se confeccionan para esta función. Otorgándoles un efecto visual muy del Pitti y que en mi valoración no aportan demasiada elegancia. Otra cuestión es personalidad y estilo.

      Por otra parte, parece ridículo intentarlo con un polo estándar o una camisa de cuellos duros y formales mas en un cuello de tejido liviano que no tenga la suficiente rigidez para “soportar” al de la chaqueta igual es resolutivo.

      En según quien puede quedar bien, aunque dé la impresión de afectado por esnob pero ¿qué mala praxis perdura a 100 años? Es la naturalidad, y sobre todo su razón de ser, clave para acertar. Porque las reglas precisas y acertadas son escasas, y funciona mucho mejor la experiencia y el largo plazo.

      Muchas gracias y buena suerte,

David García Bragado
Foto portada The Rake