Conceptos, reflexiones y experiencias en la confección de ropa para hombre

Ready to wear, RTW, made to measure, MTM, absolute bespoke, AB. Listo para vestir, hecho a la medida o absolutamente sastrería artesanal

Ready to wear, RTW, made to measure, MTM, absolute bespoke, AB. Listo para vestir, hecho a la medida o absolutamente sastrería artesanalEl pasado jueves mantuve una conversación, tan amena como docta, con uno de los mejores sastres que existen en la actualidad como lo es D. Antonio Puebla y me transmitía su preocupación acerca del desconocimiento que existía en la actualidad entre los diferentes tipos de confección que tenemos a nuestra disposición en cuanto a la realización de prendas para caballero se refiere, por lo que creo conveniente compartir -llegado este momento- mi experiencia al respecto.

Estos son los tres tipos de confección en orden creciente a su prestigio y complejidad que yo he vestido;

Confección Industrial (RTW; del inglés “ready to wear” o listo para vestir); es aquel traje, chaqueta, camisa, abrigo, zapato o cualquier otra prenda que se compra en el comercio por tallas. Es decir, elegimos el modelo -entre la oferta- que nos gusta, seleccionamos la talla y nos lo llevamos para vestir al momento. Punto. No hay muchas posibilidades; S, M, L, XL y en muchas ocasiones XXL, o tallas numeradas entre las que me pierdo absolutamente.

Otra cosa es que como he comentado en anteriores ocasiones, lo suyo y conveniente es que la ajustemos -lo más posible- a nuestros pequeños y propios matices tanto como podamos, como la altura del bajo de los pantalones, la incómoda arruga en la espalda con el encuentro del cuello e incluso el talle o el largo de la manga.

Son pequeños recortes para adaptar en el propio establecimiento o en nuestro sastre de confianza. Solo se puede escoger entre un limitado número de cortes, diseños y paños que se ofrecen de cada tipo de prenda, estos no se pueden alterar.

Es la mayor parte de la ropa que tengo y uno puede ir perfectamente elegante, por supuesto. Pero es recomendable corregirla todo lo que podamos, porque se basa en unas medidas antropométricas muy estándar y con muy poco se ganará mucho.

Es precisamente por esto por lo que resaltará y evidenciará nuestras principales imperfecciones, aquellas que precisamente disimula la sastrería personalizada. Este es el prêt-à porter de toda la vida y la que adquirimos en la gran mayoría de las ocasiones.

Confección a Medida (MTM; “made to measure” en inglés o fabricado para unas medidas determinadas); ésta es en la que nos toman las medidas específicas de nuestro cuerpo y con las que nos confeccionan la prenda elegida, que luego se nos entrega.

Muy usada en las páginas de la web, como la que nosotros realizamos y en algunos establecimientos. Es decir, es una confección industrial a nuestra medida. Se adapta a nuestras dimensiones pero no a nuestro contorno cual guante, puesto que estas son lineales y los cortes también, sin la realización de un patrón. No obstante, se logra un grado de adaptabilidad más que adecuado.

Muy recomendable para un gasto medio y no requiere de adaptaciones posteriores, al menos en la teoría. Se pueden escoger el tejido entre una gran variedad de posibilidades y el tipo de corte al menos en una serie bastante amplia de opciones estandarizadas.

Fueron realizadas, según este procedimiento, algunas de las camisas que dispongo, un traje gris marengo de tres piezas que realicé -para mi pedida de mano- en una céntrica tienda/sastrería de mi ciudad y la chaqueta que acabo de comentar. Poco más.

Confección Sastrería Artesana (AB; absolute bespoke, absolutamente a nuestra medida); esta es la verdadera y auténtica sastrería, la única y el maravilloso arte textil. La de más grado de detalle y no solo porque está hecho a partir de nuestras medidas, sino porque literalmente se realiza sobre nuestro cuerpo.

Es decir, todas las costuras son probadas sobre nuestro cuerpo, una a una, en la primera prueba y estas son corregidas hasta que se adaptan perfectamente a nuestra estructura corporal. Normalmente consta de al menos cuatro pasos que ya hemos descrito en primera persona:

  1. Definición y toma de medidas,
  2. Primera prueba -sobre la prenda hilvanada-,
  3. Segunda prueba -sobre la prenda cosida- y
  4. Entrega, con la posibilidad de los últimos detalles de corrección.

Además debe y suele estar totalmente realizada y cosida a mano, al menos en la teoría, en su totalidad y se consigue que sea una pieza única y adaptada a nuestro cuerpo como un guante u otra capa de nuestra epidermis.

Una verdadera obra de arte solo posible para las economías más desahogadas, ya que solo en mano de obra se van cerca de 50 h. de un profesional muy cualificado por traje. Es la creación en estado puro, cual fresco a partir del nuclear lienzo. Se pueden elegir todos los materiales; telas, forros y auxiliares, el tipo de corte, el número de botones y su tipo, por supuesto -TODO- ya que se parte del trozo de tela elegida original de aproximadamente 6 metros cuadrados extendido, desde donde nace y a partir de donde todo se decide.

Tengo que decir que obviamente solo tengo, hoy, uno de este tipo pero la sensación de vestirlo es similar a como cuando conduzco mi coche -elegido- favorito… cada nueva vez es un auténtico placer. Aparte de ser una capa más de nuestra piel con su inherente comodidad, porque ésta no es que sobre sino que se adapte, representa absolutamente tu personalidad, porque has definido y elegido hasta su más mínimo detalle.

Ni que decir tiene que la elección del sastre, y el conocimiento propio, determinará la calidad del producto final y mi consejo es que aunque tan solo uno fuera, aunque solo sea por probar esta maravillosa experiencia, ningún caballero debería de dejar de probar la experiencia de disfrutar en diseñarse y hacerse el traje de su predilección y a su exacta medida y gusto.

Será, a buen seguro, una joya que guardará durante toda su vida y quién sabe si hasta puede ser re-adaptado para la siguiente generación. Una pieza de arte de tal valor no puede durar menos de unas cuantas décadas a poco buen uso que se le dispense y cuidados propios, como merece a buen seguro.

La calidad de la tela no tiene nada que ver y en las tres puede ser de infinidad de características, si bien es cierto que obviamente en las dos últimas la podremos escoger a priopi; MTM y AB. La elegancia, la clase y el estilo se puede conseguir con cualquiera de las tres confecciones, si bien es cierto que como dos de los pilares fundamentales de estos “dones” son la adaptación al físico de la ropa y su corte aunado al color, pues estos serán más versátiles y cómodos de conseguir con el AB que con el RTW, pero también se requiere tener el “arte” suficiente para su diseño, y eso es lo único que no se puede comprar. Hay que tenerlo.

Reflexión aparte es que el concepto económico no determina del todo la buen imagen, a Dios gracias, ya que el precio de un RTW de una firma como Armani, Gucci u otras pueden ser mucho mayor, y de hecho son, que el de un AB de una sastrería tradicional. Porque estaremos pagando el diseño, la marca, el marketing asociado… queda a la conciencia y predilección de cada quien en que invierte su dinero y con que se viste.

Yo mismo, en su día -de muy joven- seguro que me hubiera gustado más lucir un traje de Tom Ford o Ralph Lauren, en detrimento de visitar alguna de las mejores sastrerías “de mayores”. Cosas de la edad. Hoy es impensable y algunos de mis mejores momentos los paso diseñando mi propia ropa, nada me gusta más que trabajar cercano a la sastrería de la mayor calidad y tan pronto pueda realizaré tantos trajes AB como pueda.

Pero tampoco se puede desestimar las posibilidades que ofrecen, la confección a medida -no solo de nuestras magnitudes- y, que la realidad diaria marca que en la mayoría de las ocasiones tenemos que vestir con la ropa de RTW, que de todo hay. Aunque, en ocasiones, cueste y mucho encontrar la que nos guste.