¿Cómo visten -jefes y empleados- en el trabajo?

“Tanto si se quiere, como si no, el hábito es lo mejor que existe para hacer al monje”; Jose Saramago (1922-2010), escritor portugués.

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      No existe peor cosa que tener la razón. Lo que tenemos son opiniones; más o menos fundadas, que en las mejores oportunidades cambian cuando maduran, y al evolucionar nos hacen mejores. Más sabios.

      El pasado fin de semana La Voz de Galicia me pidió mi valoración sobre cómo deben vestir jefes y empleados en la oficina; y ahora, con la confianza que da el saberse entre amigos, la comparto y amplio.

      A trabajar se va bien vestido. Como corresponde a cualquier circunstancia de la vida, incluido cuando se permanece en casa. Bien vestido supone que nuestra ropa esté acorde al entorno en el que nos encontramos sin perder un ápice de nuestra personalidad, sea uno el jefe o el último eslabón de la corporación. Llamar la atención nunca es saludable como dejar constancia de nuestro buen saber hacer resulta -sencillamente- un punto más.

      No existe cadena de mando en cuanto al vestuario se refiere. Faltaría más, eso si que sería clasista. Recuerdo de cuando trabaje en minería interior que existían distintas dependencias para los mandos superiores, los intermedios, los capataces, los obreros… todo jerarquizado. Duchas, comedores y, por supuesto, los despachos eran distintos; pero el uniforme laboral era idéntico para todos.

      El uniforme nos hace iguales; es la forma de llevarlo lo que nos distingue. De manera similar sucede con la ropa de oficina… no es lo que llevas, es como la vistes y sobre todo el trabajo que realizas con ella puesta. Hoy casi todos tenemos acceso al mismo tipo de ropa, y si no es tan cara como la de “un jefazo” (pudiera ser que fuera solo debido a que la firma lo infle) el precio será menor por ser de otra marca, pero no necesariamente de inferior calidad.

      En un ejercicio de observación fíjense, por favor, en los guardias o distintos cuerpos de policía con los que se topen en el día a día. Ninguno luce el uniforme de igual manera, y mientras a los menos les sienta que ni pintado, a otros les hacen arrugas por todos lados.

      En el comercio; o se está alineado con el producto o mejor echar el cierre. Si eres barbero viste como tal, si te dedicas a la fotografía mejor casual, pero siempre impecable. Porque vendes. Si tienes la mejor imagen personal del sector; tu negocio lo revertirá.

      Centrémonos en la oficina; banca, marketing y comunicación, abogacía, seguros… los tradicionales. Si enfocamos los esfuerzos a que el atuendo sume y nunca reste, no veo porque ir mejor vestido que tus jefes cause problemas a no ser que recabe en el complejo de éstos. En cuyo caso ellos son los que se lo tendrán que hacer mirar.

      Mis recomendaciones son vestir solo aquello que refuerce nuestra personalidad. Cómodos. Apostar por la calidad frente a la cantidad, aunque sea a base de repetir un conjunto varios días a la semana. Los hombres lo tenemos solucionado con dos o tres trajes, tres o cuatro chaquetas y cuatro o cinco pantalones porque alternando complementos, camisas y calzado, vamos aviados para casi todo el año.

      Este fondo de armario se consigue en pocos años; amén de la ropa casual para los días de asueto.

      Apreciar lo que vestimos porque nos conocemos y elegimos nuestra ropa acorde nos hará un poquito más felices, que al final es de lo que se trata. Y en el trabajo lo más importante no es lo que vestimos sino lo que hacemos, pero hasta vestirnos para este momento forma parte de él.

      Muchas gracias y buena suerte,

David García Bragado

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