Cómo vestirse para ir a la playa

“Hay que mirar siempre el mar. Es un espejo que no sabe mentir”; Yasmina Khadra, escritor argelino.

      El algodón no engaña. En la mesa, comiendo, o durante el juego, cuando se pierde, representan ocasiones infalibles para constatar la educación de cada cual.

      Detalles como la sorpresa que para algunos supone descubrir la paneras sobre el mantel (esos platitos que se sitúan a la izquierda superior del plato donde colocar el pan) o el humor reflejado cuando toca pagar la ronda de consumiciones reflejan en verdadero talante individual.

      La playa también supone una prueba de fuego para comprobar quien tiene estilo en el vestuario y/o un comportamiento educado. Porque si bien es cierto que hay gente que deja sus inmundicias allí olvidadas, también hay quien se agacha para recogerlas.

      A la playa se impone acudir con bermudas de algodón y polos de piqué. No siendo prescindibles, pueden ser sustituidas por un pantalón largo muy ligero de lino o gasa y una camisa también fina. Sin embargo, será mejor reservar estas últimas prendas para acudir a cenar o visitar una localidad costera cercana cuando cae la tarde.

      Me decanto por el polo liso en un montón de colores. Azul francés o marino, rosa o fucsia, marrón chocolate o beis, verde oliva, granate. Todos. Incluido el negro. Considerado por algunos una aberración a mi no me disgusta. Sienta bien y hace contraste con las bermudas que suelen ser claras.

      La diferencia entre las bermudas con bolsillos laterales tipo cargo y los pantalones cortos, incluso con pinzas, marcan diferente formalidad. Las segundas se acompañan de camisas o poleras y las primeras son más relajadas.

      En cualquier caso, todas a una altura por encima de la rodilla e inferior al traje de baño que irá, por debajo, en torno a medio muslo. Nunca remangadas, ¡por Dios!.

      Complementos. El sombrero de paja, tipo Panamá es de una comodidad solo comparable a su clase. Resistente y útil, una vez que se utiliza difícilmente se olvida llevar. Las gafas de sol resultan imprescindibles y, sobre la arena, suplementarias.

      Para el calzado; mientras que unos mocasines con suela de goma o alpargatas de piel vuelta nos acercarán a la tumbona, a partir de ella nos podremos desplazar en chancletas. Las menorquinas, mi debilidad, realizan ambas funciones.

      La toalla de playa, kikoy o arapa, presenta alguna ventaja frente a la toalla tradicional. Es más ligera, estética, resistente y de mayores dimensiones. Aunque su principal inconveniente respecto de la toalla de baño es que no seca igual al no absorber tanto la humedad. Función que tampoco necesitamos en el arenal, ya que la brisa y el sol lo hacen bronceándonos.

      Tan simple como esto y acompañados de un buen libro y la familia o amigos, harán de nuestra jornada playera el feliz descanso que todos nos merecemos.

      Muchas gracias y buena suerte,

David García Bragado
Fotografía Covadonga Pou

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