¿Cómo me visto?

“Quiero que todo sea bello, en armonía con la Naturaleza”; Ricardo Flores Magón (1874-1922), político mexicano.

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      La respuesta resulta inmediata: elegante; con educación y respeto. Como deberíamos proceder en todas las demás acciones que acometamos en nuestras vidas.

      Esta forma de contestar es tan amplia y acertada como ambigua, así que profundicemos.

      Nuestra imagen debería estar en consonancia con nuestra manera de ser; y ajustarse al lugar donde acudimos y a unas normas. Un traje cruzado resulta muy favorecedor, pero si no somos nada clásicos nos mostrará artificiales. De igual modo, una chaqueta de tweed puede parecernos la mar de elegante empero si estamos de vacaciones en Sevilla durante el mes de agosto difícilmente la justificaremos. Y, como tercer ejemplo, por aquello de las reglas y a pesar de que a alguno le pese reconocerlo; una corbata para acudir a una boda parece un mínimo imprescindible.

      La educación requiere conocimiento. Saberse comportar. Ceñirse a unas pautas hasta que se logre ser tan diestro en su manejo como para romperlas con personalidad y talento. Mejorándolas. De modo contrario, lo mejor es estarse “quietecito” y saber que, por ejemplo, las camisas van por dentro del pantalón porque fueron una prenda interior (y aún son internas) y las puntas de una corbata cuelgan libres por fuera de éste.

      Hablando de educación, de nada vale mostrar una imagen inmaculada en nuestras prendas cuando se habla con la boca llena durante una comida, no se cumple con el compromiso adquirido o se desconocen los siglos entre los que se desarrolló la Edad Media (V-XV). Con nuestra sola imagen no evidenciaremos elegancia en un trato, mínimamente, prolongado puesto que se coge antes a un impostor que a un cojo.

      Un hombre elegante se viste sin darle mayor importancia. Con esmero, pero no haciendo de ello algo prioritario sino como una parte más, intrínseca, de un todo que forma parte de su identidad como persona. Modales, pensamientos, sentimientos, conocimientos… en armonía resultan auténticos, lo contrario es impostura.

      No te preguntes ¿qué me pongo?, sino ¿qué siento?. Qué es lo voy a hacer con eso puesto es lo transcendente.

      Nadie va a despuntar solo por la ropa que gasta. Toda persona ha de demostrar mayor bagaje que el mero vestuario para ganarse el respeto o admiración del resto. Se deben lograr mayores méritos para superar a un acertado maniquí.

      La correcta elección del calzado, combinar los complementos o apreciar la buena caída y el corte de un traje es, solo, una cuestión técnica. De tiempo.

      Calidad, sencillez y tradición serán los puntales sobre los que abastecer nuestro armario, pero también que este sea acorde a nuestras convicciones y estilo.

      Respecto al manido tema de bespoke, Ready-To-Wear, Made-To-Measure, sastrería, a medida, confección industrial… También sería recomendable que fuera acorde a las circunstancias individuales. Adquirir un conjunto artesanal es una maravillosa experiencia solo al alcance de muy pocos como pauta habitual, pero que para una ocasión especial como lo es una pedida de mano puede quedar justificada la inversión en una de estas joyas. Para el día a día hay mucho donde elegir; y, siempre, hará más el que quiera que el que pueda.

      No le des demasiada importancia. La ropa no tiene suficiente entidad… y así como a un hortera culto y amable enseguida que le trates te hará amena cualquier velada (y seguramente querrás repetir su compañía en más ocasiones), a un engreído dandi por muy elegante que se muestre, si carece de la educación suficiente, nos puede arruinar la sobremesa más soleada (y solo desearás no volver a coincidir con semejante sujeto). Sabemos de que hablamos.

      Es de vital importancia que dediquemos nuestros mayores esfuerzos hacia otras dimensiones de nuestra personalidad que nos hagan ganar la condición de GRANDES: cultura, modales, humildad, maneras, trabajo… valores.

      Muchas gracias y buena suerte,

David García Bragado

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