Clase magistral de sastrería con D. Antonio Puebla Sanchez-Rincón

“La enseñanza debe ser por la acción. La educación es la vida; la escuela es la sociedad”, John Dewey filósofo estadounidense.

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No podía dejar pasar la oportunidad de recibir el magisterio, particular y único, por parte de un maestro de la talla (universal) como es Antonio Puebla. Motivado por la generosidad del tiempo que me concedió, le pedí que hiciéramos el ejercicio práctico para la confección real de una chaqueta. Nos mostró como realiza una prenda a la medida del cliente en su sastrería. Esta fue su master class:

Primeramente Antonio me habla de “los volúmenes y del arte” en la creación de un traje. Ya que aunque reconoce que “la gente (menos versada en este tema) suele mirar preferentemente el tercio superior de la imagen de un traje “ es un hecho que “la calidad está en su conjunto global”.clase-magistral-antonio-puebla-sanchez-rincon-000

Medidas y elección de la tela.
El primer paso es la elección de la tela y no se muestra muy partidario de arriesgar en demasía, “sino no lo podremos poner más que una vez al mes”, comenta. Cree necesaria la acción de sobre ponerse la tela elegida por encima antes de confirmarla, a modo de toga romana. Sin embargo evitará reclamar la presencia del cliente el menor número de veces necesarias.

Las medidas que necesita son 10 para la chaqueta y 6 para el pantalón, pero además le resulta imprescindible calificar la fisonomía del cuerpo a vestir: hombro derecho o izquierdo levantado, cuello largo o corto, tipo de vuelo en la cadera, grueso de la barriga o en el trasero… etc.

Los patrones.
Estas medidas las llevará al papel-cartón para sacar los siete patrones u hojas en verdadera dimensión: Dos para el pantalón (trasero y delantero) y cinco para la chaqueta (manga zona superior, manga parte inferior, espalda, delantero y costadillo).

Me sorprende ver como yo me esmero en alisar y cepillar la tela para que esté totalmente extendida, y él con un práctico paso de la regla larga entre el pliegue la lleva a su sitio en un instante.

Con los patrones, a Antonio siempre le ha gustado hacer una prueba en gasilla (tela de lana muy ligera) para probar puesta sobre el cliente y así obtener el definitivo patrón. Que resultarán ser éstos mismos obtenidos inicialmente, pero rectificados en función de esta prueba con la tela de afino. La muestrilla de tela será posteriormente desechada tras su uso y solo se conservará la de papel, para siempre.

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Acto seguido se lleva el patrón definitivo (de papel) sobre la tela ya del traje. En nuestro caso lleva y marca las medidas, con verdadero arte en las uniones, directamente (si el cliente solo se va a hacer una única prenda procede así). No se ayuda de las plantillas curvas, para enlazar los trazos rectos, sino que se vale de su firme y experimentado pulso para dibujar este tramo de unión.

Las entretelas y el forro, igualmente, las sacará con estos mismos patrones. Y me muestra como marca con la aguja y el hilo el contorno hilvanando para el posterior corte definitivo. Éste maestro cose. El plastrón con crin de caballo, por supuesto. Y no le faltan el resto de detalles como el cuello de dos telas pre-cosido, las tiras de refuerzo de los bajos, los lastres del faldón, trabillas… todo.

Este también es el momento de marcar las solapas y las aberturas traseras, así como bolsillos y ojales, que serán realizados y afinados en sucesivas fases.

Pruebas.
Acto seguido y tras el corte, las ya consabidas primera y segundas pruebas, y si hiciera falta una tercera de remate o entrega del traje.

Son varias las aclaraciones que me muestra Antonio durante este tiempo. La primera que me llama la atención es que admite que todas las costuras largas las hacen a máquina y a mano solo -las de responsabilidad y ornamentales- los ojales, picados, bolsillos, plastrones, ojales, cantos… que no mejorarían con aquella. Ni falta que le hace, apostillo yo.

No quiero dejar de destacar dos puntos muy importantes de lo que aprendí. Uno en el apartado técnico, fue el descubrimiento que me realizó el maestro Antonio en el cual me explicaba que; “Los trajes se sujetan en el punto medio de nuestra clavícula. Ese es su punto”. Siempre había asociado ese punto al hombro (o incluso a la cruceta cervical).

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Y el otro momento fue en el plano más humano. Cuando durante mi estancia en su sastrería confieso mi debilidad por un modelo de chaqueta modelo Teba -que luce en uno de sus maniquíes- y D. Antonio demuestra toda su sensibilidad (la propia de un abuelo) mostrándome la réplica que a escala le realizó a su nieto, Alejandro.

Para rematar me confiesa: El sastre solo puede hacer de una manera su trabajo:“bien”. Porque los clientes solo se consiguen con “el boca a oreja”. Todo un ejemplo.

Nos emplazamos para una próxima ocasión, que seguro que la habrá, y quién sabe si con un ejemplo aún más práctico, y personal. Regreso encantado por haber conocido a uno de los mejores sastres que ha dado nuestro país y muy agradecido por esta magistral e individual clase de sastrería.

Muchas gracias y buena suerte,
Fotografía: © Alexis Sanchez