Cinturones; ¿quedan dudas?

“A veces hay que elegir en la vida y a veces la vida te elige a ti”; Gayle Forman, novelista estadounidense.

      Con tres o cuatro cintos, incluso menos si alguno es reversible, deberíamos tener surtido más que suficiente para utilizar con garantías en todo nuestro vestuario.

      Marrones, mil tonos valen, negro o incluso el azul marino muy oscuro -que para mi tanta clase tienen- se adaptan a la práctica totalidad de trajes y pantalones que utilizamos. Lo mejor que se puede decir de un cinto es que pasa desapercibido. Que no destaca, aunque se deje ver.

      Para los trajes más formales siempre he defendido la utilización de los tirantes por sus mejores prestaciones para estos conjuntos. Cuando de forma excepcional utilizo el cinturón con traje, siempre lo hago con uno del mismo color que los zapatos. No necesariamente del mismo tono, y por supuesto nunca formando un kit del que no dispongo. Lo mejor para esta oportunidad es que este complemento se mimetize con el traje hasta no verse.

      Como todos coincidimos en que los cinturones son imprescindibles, he encontrado algunos modelos interesantes en la tienda online de Esprit, como este de piel de búfalo lisa o este otro de piel y reversible.

      También me han gustado otros productos de la firma Lacoste, de forma especial este cinturón de cuero con acabado patinado y este de lona chiné.

      El cinto más sencillo que dispongamos de piel pulida será el indicado para utilizar con un atuendo formal. Las pieles más lustradas casan con las hebillas más limpias o relucientes. En principio mejor plateadas, que doradas.

      Para los cinturones informales recomiendo los de metales envejecidos, en cuyo caso si pueden ser de un tono similar al del oro. La rugosidad, de una piel labrada o de ante, hacen a un cinto casual. Por lo que los complementos de estos tipos valen para conjuntos, en exclusiva, relajados.

      La mayoría de cinturones están realizados con piel de vacuno. De aventurarnos a otras pieles, exóticas, lo mejor es que sigan siendo discretas. En este caso y como suelen venir unidas a otra de inferior calidad para darle consistencia, debemos tomar la precaución de que estén cosidas y no pegadas pues a la larga se terminan separando.

      Al cinto cualquier ornamento entiendo que lo afea. Yo los prefiero de la máxima sencillez. Sin tachuelas, ni remaches.

      Los cintos como cualquier otra prenda tienen una medida que debe ajustar se a la nuestra. No debería usarse en el primer ojal ni sobrar como para no llegue al segundo pasador del pantalón. Lo ideal es que sobrepase el primero en 2 ó 3 centímetros.
Un cinto de calidad no se deforma, ni toma la forma curvada de nuestra cintura. Si es de calidad se hace eterno.

      El cabillo de la petrina es tan pequeño que suele pasar desapercibido si no se utiliza. Pero si reparamos en que no se usa, demuestra tal desconocimiento que afea.

      Muchas gracias y buena suerte,

David García Bragado

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