Cinturón marrón rojizo de MEERMIN

“La moda no puede durar, porque es externa y pronto cansará tanto a quien la observa como a quien la contempla”; Bruce Lee, actor y pensador.

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      Casi todas las combinaciones idénticas resultan artificiales. Encorsetadas, incómodas a la vista. Lo mismo en el conocido caso del pañuelo de bolsillo con el tejido exacto al de la corbata, que en los zapatos con la misma piel que el cinturón o, incluso, el alfiler de la corbata o el pin del ojal con los motivos de los gemelos. Denotan falta de naturalidad y costumbre. Sin embargo, todo lo contrario ocurre cuando éstos se armonizan con naturalidad.

      El caso de las pieles que podemos lucir en nuestro atuendo a la vez es buena prueba de ello. Por este motivo al tándem formado por los zapatos y el cinto favorece compaginarlos, pero sin forzar un kit.

      Si el color de zapato indispensable para hombre es el negro, la segunda opción el marrón más oscuro y tras ellos, para muchos de nosotros, el tercero sería el rojizo. Igual debe suceder con el cinturón. Esto es lo que me llevo, al disponer de suficiente surtido de cintos en color negro y marrón chocolate, a adquirir este modelo en tono cereza picota.

      Este complemento de MEERMIN tiene una medida de 36 mm. de ancho, rozando los 2,5/3,5 cm. que marcan los cánones para los cintos formales y de no más de 4,0 cm. para los sport. Su longitud de 110 cm. hace que se adapte a mi cintura de 90 cm. (medida que marca la talla) alojándose en los agujeros del medio de los cinco practicados. Lo ideal, que cayera en el tercero.

      La característica que más me agrada de este artículo de la firma de Pepe Albaladejo es la ligereza de su piel. Su olor y suavidad de manual, veremos cómo se comporta con el uso.

      También conocido como correa en Chile, entre otros países latinoamericanos, luce mejor si tiene el mismo color –que no tono- que el resto de las piezas de piel que componen nuestro atuendo como la correa del reloj, el maletín o la cartera. Aunque no es imprescindible.

      Como curiosidades no comentadas en anteriores oportunidades al citar a este complemento dejar constancia que es utilizado por la humanidad desde la edad de bronce (2.000 a. C.), y que para guardarlos correctamente en caso de no disponer de una percha específica, lo mejor es -cuales corbatas- guardarlos enrollados sobre sí naturalmente sobre unas casillas horizontales.

      Muchas gracias y buena suerte,

David García Bragado
Fotografía: © Jose Manuel Salgado

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