Chaquetas para verano

“Sin coherencia no hay ninguna fuerza moral”; Robert Owen (1771-1858), empresario galés.

       Aunque medie un abismo de cualquier ciencia, vestirse revela cultura. Sabiduría. Educación. Porque no es lo mismo una camisa hecha a mano que otra a medida, aunque podrían coincidir ambas características. Como tampoco demuestra conocimiento aquél que utiliza un mocasín -y menos aún unas zapatillas para hacer deporte- vistiendo un traje, por poner un segundo ejemplo. Lo que resulta obvio es que no se necesita entender la estructura subatómica de sus componentes para adquirir una prenda con propiedad.

      La exageración reconviene a quien la practica.

      A la hora de elegir un modelo de chaqueta para la estación calurosa, a parte del tejido otras características determinan su idoneidad.

      Cuando el calor dilata el mercurio de los termómetros se prescinde con demasiada ligereza de la chaqueta. Sea por desconocimiento o por dejadez no es una decisión acertada, porque nuestro aspecto se potencia notablemente con una americana.

      Telas con un peso inferior a 240 grs. de lana fría (fresco), lino, algodón (fino o seersucker) o mezclas de éstos con seda son siempre confortables térmicamente.

      El corte propio de estas prendas para climas benévolos es desestructurado. Sus delanteros se diseñan más abiertos y los hombros y el pecho no se confeccionan tan armados. Siendo ambas zonas más caídas. Por norma general las chaquetas veraniegas también se presentan más cortas y ceñidas. Siempre teniendo en cuenta que deben de cubrir todo nuestro trasero, no pudiendo ser las mangas más largas que el bajo y debiendo permitir abotonarse sin que aparezcan tiranteces alrededor del ojal.

      Las mangas, además, suelen ser más estrechas.

      El forro, si existe, suele acabar a media espalda. De no llevarlo, una nota de calidad sería que se embellezca el interior cubriendo con este tejido las costuras.

      Respecto al color, por lógica, se hace más atrevido y colorido. Cuando menos, más claro. Cremas, tostados, incluso rosas o verdeagua son algunas ideas.

      ¿Qué hubiera sido de la mítica secuencia de Cary Grant en Atrapa a un ladrón (1955) si el actor hubiera prescindido de su blazer en su paseo automovilístico con Grace Kelly? ¿Cuanta autoridad transmitiría Al Pacino en mangas de camisa en El Padrino II (1974)?

      Solo fruto de la experiencia personal se puede comprobar ciertas anécdotas por qué éstas nunca se escriben. Una de la mías es que se ha de tener especial cuidado cuando se calzan unos mokstraps, pues cuando nos cruzamos los pies las hebillas rayan la piel en la cara externa del zapato simétrico a la altura empeine. Similar caso es el que nos ocupa: si no utilizamos chaqueta en la ciudad cuando hace calor; nos sentiremos “desnudos”.

      Muchas gracias y buena suerte,

David García Bragado