Calzadores

“La gota abre la piedra, no por su fuerza sino por su constancia”; Ovidio, (43 a. C. – 17 d. C.).

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      La zona posterior de nuestros zapatos curva hacia el exterior. Esto es así para que se adapte a nuestro talón y evitar que se deslice al caminar. Debido a este diseño si metemos el pie dentro del calzado, sin ayudarnos de un calzador, cargaremos hacía abajo sobre esta zona de manera innecesaria y la deformaremos.

      Una vez que se da de sí la parte trasera del calzado, que por mucho refuerzo que tenga sucede si no se cuida, es irreversible. Y cada vez irá a más. Este mal hábito además de afear con grietas el talón, provoca que toda la zona trasera se vea afectada al tener que zarandear al zapato para calzárnoslo.

      Los calzadores son útiles con una geometría curva y acanalada para facilitar la introducción del pie en el zapato. Pueden ser cortos o largos llegando a los 65 mm. de longitud. Los segundos son mejores que los primeros no solo por la comodidad que provoca no tener que agacharse, sino que el ángulo que se consigue con respecto al suelo es mayor con lo que el contorno del zapato sufre menos.

      El shoehorn inglés se atribuye a la época victoriana (1837-1901) aunque nos llegan artículos de este tipo del siglo XV.

      Los materiales empleados para su fabricación son diversos, pudiendo ser: metálicos, de nácar, asta o marfil los más caros, madera, forrados de piel o plástico en las ocasiones más comunes. Aunque existan sofisticados modelos lo mejor será mantenerlo siempre escondido, pues se trata de un instrumento eminentemente práctico (y para los pies).

      Para las botas, los calzadores no son efectivos. Éstas vienen dotadas de “tirabotas”. Correas cerradas y cosidas en el talón, o incluso también en la zona delantera, para tirar de ellas hasta meter el pie dentro.

      Las firmas de calzado de calidad, y cuidado por los detalles, meten uno dentro de cada caja de zapatos.

      Utilizar las manos para esta función nunca será una buena alternativa al calzador por el daño que produce, en los dedos y/o al calzado. Para situaciones de emergencia -de no tener un calzador al alcance- mejor solución será utilizar el final del cinturón. El resultado atenúa ambos daños.

      Muchas gracias y buena suerte,

David García Bragado

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