Calzado para verano

“Lo peor no es cometer un error, sino tratar de justificarlo en vez de aprovecharlo como aviso providencial de nuestra ignorancia”; Santiago Ramón y Cajal (1852-1934), premio Nobel de medicina español.

       Las prendas no modifican nuestra personalidad; la potencian. En el peor de los casos, nos dejan en evidencia cuando patinamos en su elección.

      Durante el verano, con los rigores del calor y la consecuente relajación de nuestras actividades, algunas escenas corren el riesgo de volverse dantescas. Casi obscenas. Una de las peores, en las que puede incurrir un hombre es dejar al descubierto sus pies.

      La expresión más feo que un pie resulta literal. Sorprende comprobar como esta parte de la fisionomía tan tierna en los bebes, se transforma en algo tan desagradable cuando cumplimos años. Sea como fuera el hecho es que no resulta educado dejarlos al aire, por cómodo que resulte, salvo cuando nos vamos a dar un chapuzón o permanecemos sobre la tumbona.

      En verano, al pie, hay que tenerlo a resguardo con un calzado adecuado. Siendo un patinazo imposible cuando el frío atenaza, no son pocos los avezados que durante el verano “andan” sin tapujos.

      En lineas generales, ya sea de Gucci, Dolce y Gabanna o de cualquier otra marca por ostentosa que sea, las sandalias de cuero o los zapatos tipo rejilla no parecen recomendables.

      Oxfords y Bluchers no podrán ser sustituidos cuando utilizamos traje y corbata, aunque se pueden relajar un punto con tonos más claros de marrón o una piel de gamuza como consecuencia del clareo en los tejidos propios del calor. Además, es la estación de los spectators.

      Calzados propios del verano son los mocasines de ante. Bien con lazo, antifaz, borlas o sin nada son un must para la utilización con un conjunto de chaqueta pantalón. Más abiertos en la pala por lo general, se pueden utilizar sin calcetines como el resto de los que no se acompañen con una corbata.

      Los náuticos con la suela blanca son muy apropiados para una jornada en el chiringuito o un paseo por el puerto deportivo. Para navegar no existe un mejor modelo.

      Drivers o gominos, aquellos de suela con puntos de goma, no son de mi preferencia aunque si de la estación.

      Alpargatas de esparto. Espardillas. Abarcas. Son el calzado para acudir a la playa, una jornada lúdica campestre o para el jardín.

      Los sneakers son una alternativa a las zapatillas deportivas para reservar éstas a las instalaciones específicas de las canchas de juego.

      En cuanto a las menorquinas son mi calzado favorito para deambular por los espacios de recreo, por puertos pesqueros y sobre la arena de la playa. Hasta llegar a ella, mejor unos náuticos.

      Las chanclas se reservan para la intimidad en el interior de la ducha del gimnasio. Higiénicas y prácticas, pero nada más.

      Decantarse por el azul u otros colores en detrimento de los negros o marrones oscuros por variar los tonos del invierno y darle un aire distinto más relajado siempre es un acierto. Así como decantarse por suelas más claras que la pala. Circunstancia que para los modelos del invierno no me parece acertado.

      Los zapatos son la joya de nuestro vestidor y pilar de nuestra elegancia. También en verano. Prescindir de su cuidado sería un error.

      Muchas gracias y buena suerte,

David García Bragado

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