Barbas y otros cabellos

barba-afeitado-pelo-cabello-beard-shave-00“La mente de un hombre es capaz de todo, porque todo está en ella, el pasado y el futuro”; Joseph Conrad, novelista polaco.

      Cuando se va a cumplir un año de mi viaje a Chile, las imágenes en mi memoria parecen tan lejanas como la distancia que nos separa. Sin embargo el recuerdo del cariño recibido permanece indeleble. Más aún, se acrecienta con el paso del tiempo.

      La fortuna se alió conmigo para que se multiplicara la difusión de mi estancia en el país andino gracias a la visita a los medios de comunicación como Radio OASIS, o la entrevista en la CNN. Aparte del contacto personal que establecí durante la participación en charlas, conferencias y demás acontecimientos a los que fui invitado en esta tierra tan bella como alargada.

      Matías fue uno de aquellos oyentes radiofónicos, y hace pocos días me solicitó que abordáramos el tema de la barba. Cuestión que con agrado acometemos ahora.

      La barba es una cuestión personal. Si en nuestro vestuario seguir la moda pasajera parece un despropósito, depender de tendencias para dejarse crecer la barba -o no- y de que tipo, resulta absurdo. El cabello de nuestro rostro forma parte de nuestra identidad, y solo con ella se debe corresponder. Debería integrarse en nuestra imagen con estilo propio.

      Porque el estilo consiste en esto. En asociarnos a un solo retrato mental. Si vemos las imágenes de Cary Grant o cualquier otro de los clásicos en GOOGLE IMÁGENES, la inmensa mayoría de ellas estarán en consonancia y se corresponderán con el personaje. Así debería suceder con nosotros.

      Todo nuestro pelo, y por lo tanto la barba, deben estar en perfecto estado siempre. Cuidado como si fuéramos a diario al barbero, o nunca necesitáremos acudir a él. Con una imagen coherente a nuestra personalidad, más o menos constante, asumiendo que con la edad el cabello disminuye de manera inexorable.

      A pocos profesionales les seremos más fieles que a nuestro barbero. Yo llevo catorce años acudiendo al mismo, aunque debo reconocer que hice puntuales tentativas en su competencia porque está a 27 km. de mi casa, pero lo cierto es que me resulta imposible cambiar. Muchos profesamos una fidelidad, casi consagrada en votos, a quien vela por nuestros cabellos porque el pelo es cuestión delicada que no confiamos a extraños fácilmente.

      El cabello del rostro está presente en nuestras cejas, pestañas y barba o bigote. En ningún sitio más, y ahí a su justa medida. La cera caliente o unas pequeñas pinzas deben hacerla desaparecer de cualquier otro sitio, tan pronto asoma. Aunque no sea esta una cuestión de la que alardear, puesto que se corresponde con la intimidad asociada a nuestra higiene. Suficiente es que sea eficiente.

      Así como en el pelo de la cabeza, el de la barba favorece en la mayoría ni largo ni corto, en su punto medio. Podemos distinguir diferentes grados barbas:

  • Sin afeitar. Cuando nos dejamos de rasurar unos pocos días. Confiere un aspecto de “tipo duro”, incluso favorecedor para quien ya lo ha sido tanto por la naturaleza en forma de bello rostro. Sin embargo, el resto de mortales podemos pasar por descuidados con nuestra higiene. Lo que no tiene “un pase”.
  • Larga, de más de tres meses, y arreglada es –ya- una imagen consolidada.
  • Entre ambas lo recomendable es fomentar las fortalezas de nuestro rostro y disimular sus defectos, para lograr el equilibrio. Donde dictan los cánones clásicos que radica la belleza desde el Renacimiento hasta nuestros días.

      Las pautas generales son: para caras alargadas barbas con volumen, en los rostros cuadrados barbas finas, con semblantes redondos mejor perilla para afilarla y en aquellas fisonomías ovaladas cualquiera. Puesto que de está última forma es la cara más adecuada para dejarse barba.

      Luego existen los extremos de la barba del hipster –de origen racista porque impedían ingresos a los barberos en su mayoría negros en los inicios del siglo pasado en USA al no requerir de sus servicios-, y el recién apurado. Donde si la jornada se prolonga más allá de la noche fuera de casa es muy recomendable un segundo afeitado en caso de disponer de los pocos minutos necesarios y de un lugar adecuado para ello.

      Perillas, patillas, bigotes, y demás adornos capilares como el soul patch (parche) que algunos lucen debajo del labio inferior pertenecen a un capítulo tan delicado como puntuales son los ejemplos reales.

      La cuestión una vez más no es ¿sí o no? sino ¿cómo? Y como decía mi amigo minero Miguel: “estando bien; de cualquier manera”.

      Muchas gracias y buena suerte,

David García Bragado

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