Antonio Moreno, el galán del cine mudo

“El futuro lo borra todo, no hay nivel de fama o genialidad que te permita trascender el olvido”; John Green novelista estadounidense.

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A mi amiga la artista Carolina Aller.

      Un país sin memoria es incapaz de sentirse orgulloso. La historia, como parte de la cultura, nos recuerda que las grandes obras solo fueron posibles gracias a los personajes que las crearon.

      En los albores de Hollywood, cuando este barrio de Los Angeles apenas era un poblado dentro de un bosque de acebos acogiendo los primeros estudios de cine (1911), un español desembarcaba en los EEUU para contribuir a construir los cimientos de su leyenda. Su nombre era Antonio Moreno.

      Antonio Garido Moreno Montagudo (1887-1967), madrileño de nacimiento, se quedo huérfano de padre pronto y estuvo -siempre- muy unido a su madre.

      Desde niño se vio obligado a trabajar de chico para todo (panadero, balsero, etc.) en las proximidades del Peñón de Gibraltar donde creció. La fortuna pronto le sonreiría de la mano de un par de caballeros de posición social elevada en Nueva York, los cuales le descubren y apadrinan -dicen que gracias a su buena educación- ofreciéndole acompañarlos a los EEUU para una vida llena de oportunidades. Cruza el Atlántico por primera vez con tan solo 15 años.

      Galán seductor, soñador encantador, español orgulloso, aficionado a los toros y trabajador incansable. Su interés por el cine fue tardío (1910) pero en tan solo tres años se convierte en un cotizado actor, donde solo Rodolfo Valentino fue capaz de hacerle sombra en la época del cine mudo.

       “Sensación de Graustark” (1926), “La Tentadora” con Greta Garbo (1926), la superproducción “Madame Pompadour” (1927) y “La chica bohemia” (1936) son sus principales películas.

      Con la llegada del cine sonoro (1927) no tuvo la misma repercusión, debido a su fuerte acento hispano, y sus interpretaciones se limitaron a personajes como actor de reparto. Esta circunstancia le llevo a una depresión de la que se restablecería realizando adaptaciones de las películas para el público hispano (al no existir doblaje) de las que no queda apenas constancia gráfica.

      De hecho, la mayoría de sus más de 150 películas rodadas están desaparecidas.

      A pesar de su condición de hispano hablante, no dejó de participar con los directores más grandes de su tiempo. Entre los que destacan sus papeles en “Encadenados” (1946) de Alfred Hitchcock o “Centauros del Desierto” (1956) con el propio John Ford. Antonio Moreno, también, intervino junto a actores de la talla de Gary Cooper en “Dallas” (1950).

      Posteriormente intentó su carrera como director sin demasiada fortuna. A pesar de lo cual posee su merecida estrella en el paseo de la fama del bulevar hollywoodense por su contribución al nacimiento del cine como lo conocemos hoy en día.

      Se casó una sola vez con la aristócrata Daisy Canfield, y fue tan famoso como millonario llego a ser en su época gracias a sus interpretaciones en la gran pantalla.

      Este homenaje a un personaje tan grande como desconocido podemos ampliarlo escuchando el relato de la historiadora Mar Diaz en este vídeo.

      De todas las injusticias que puede haber, una de las peores es el olvido. La penitencia por este error va intrínseca en el pecado al no ser conscientes de lo grande que es nuestra historia.

      Muchas gracias y buena suerte,

David García Bragado

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  • Anonimo

    Conocía al actor pero desconocía que tiene una estrella en el paseo de la fama. Bonita historia. Un saludo

    • vestirseporlospies

      Muchas gracias, en mi caso fue Carolina Aller la que “me lo presento”. Saludos cordiales,