Alternativas al vestuario “formal”

“La vida de cada hombre es un camino hacia sí mismo, el intento de un camino, el esbozo de un sendero”; Hermann Hesse, escritor suizo-alemán (1877-1962).

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Estimado Sr. García:

Leo con interés muchos de los artículos que usted y otros colegas suyos escriben en las redes sociales y me alegra comprobar como las alpargatas o las bermudas no están fuera de un vestuario elegante sin embargo me encuentro con un problema, en cuanto cambia la temporada, ¿qué  me pongo?.

Le explico, resido en Marbella, tengo 51 años, mi trabajo se desarrolla en la Administración Local (la Administración Pública, sea cual sea, no se caracteriza por tener a la gente mejor vestida) y a fin de evitar conflictos con mis jefes ni se me ocurre  llevar chaqueta y ya no digamos corbata. Como detalle y para que me entienda un día que acudí con pantalón de vestir, castellanos y camisa de manga larga con cuello de corbata me preguntó un compañero “¿vas de boda?”.

A partir de aquí nos encontramos en que hay miles de entradas sobre los trajes, los zapatos Oxford, las corbatas, los tirantes, etc. Pero que ocurre cuando cientos de trabajadores no podemos llevar una vestimenta formal aquí empieza el problema ya que ¿la camisa es con o sin botón, el pantalón vale también el de vestir o de algodón, me pongo castellanos u Oxford?

Para su consuelo le diré que tras leer su artículo de los básicos cumplo casi todos ya que en otras ocasiones si he vestido de traje y por lo tanto he organizado un armario medio decente, aún así me gustaría que en sus artículos nos dedicara de vez en cuando una sección de vestimenta informal pero del día a día no para el fin de semana. Espero que entienda mi idea, el ejemplo sería el artículo publicado el 20 de marzo de este año.

Agradeciendo de antemano su atención, reciba un cordial saludo,

D. R. J.

      Aunque el acierto de cada publicación está íntimamente ligado a vuestras preferencias, confieso que en ocasiones escribo dejándome llevar por mis gustos o anhelos. Craso error. Por fortuna cuento con vuestras comunicaciones para centrar el punto de mira, y -agradecido por ello- nada mejor que editar respondiendo a vuestras inquietudes.

      Por supuesto que prendas como las bermudas o las alpargatas pertenecen al vestuario elegante. Para evidenciarlo no hay nada más que observar a un señor abandonando la playa con su traje de baño y en chancletas, para constatar el beneficioso efecto que le produciría utilizar el pantalón corto y unas esparteñas en tales circunstancias. Como todas las prendas tienen su momento y lugar.

      La relajación en las formas -incluyendo nuestro vestuario- es un mal endémico que trata de arrastrarnos. Aun así, no deberíamos dejarnos llevar por una corriente que acabe con los valores clásicos.

      Lo ideal es posicionarse en el difícil punto de equilibrio entre mantener nuestra personalidad (y gusto) integrándonos en una sociedad sin provocar su rechazo. El sombrero Canotier acompañando a un conjunto de estilo años 20 es muy elegante, pero no aplicable al momento presente.

      Ni las camisetas, ni los vaqueros, ni las zapatillas para hacer deporte son aptas para acudir a nuestra oficina a trabajar. A no ser que trabajemos para Google y no hayamos cumplido los 22 años. Sin embargo, si la responsabilidad de nuestro puesto de trabajo nos lo permite, podemos relajar nuestro atuendo laboral con polos (preferentemente de manga larga), camisas o poleras, cardigans, chalecos o jerséis durante algunas jornadas.

      No se trata de ceder, aunque si de fluir dentro de la sociedad que nos toca vivir sin perder un ápice de nuestra manera de ser. Con todo siempre tratando de ofrecer nuestra mejor versión, y si la ocasión lo propicia (reuniones, eventos, conferencias, etc.) vistiendo un traje con su inseparable corbata.

      Los castellanos, una camisa clara de algodón con botones en los picos del cuello y unos pantalones de algodón gabardina oscuros son un conjunto adecuado para acudir a la oficina. Si le sobreponemos una blazer el resultado será perfecto.

      Paulatinamente propondremos más conjuntos “informales” para sumar a los ya realizados.

      Situar nuestros pies sobre la tierra que pisamos resulta un ejercicio aconsejable, como también lo es aportar nuestro ejemplo para mejorarla. Por cierto; yo también trabajo en una oficina de la administración.

      Muchas gracias y buena suerte,

David García Bragado

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