Accesorios para el vino

“El vino es la cosa más civilizada del mundo”; Ernest Hemingway (1899-1961).

      Toda obra de arte merece un marco que, cuando menos, no la desmerezca.

      ¿Qué sería de una camisa cortada a la medida y elaborada a mano en cuyos puños albergáramos unos gemelos de bolas elásticas o unos zapatos Oxford de legitima piel atados con cordones de esparto?.

      Los detalles, a parte de marcar diferencias, resultan decisivos.

      Vestir el mundo del vino resulta elegante, además de funcional. Un Vega Sicilia no se puede apreciar bebido en un vaso de plástico desechable, así como parecerá ridículo que no sepamos como proceder a la hora de ofrecer una copa de vino.

      Aunque lo principal, todos estaremos de acuerdo, sea la calidad del líquido contenido en la botella. Conocer detalles cómo que un reserva tiene el tapón más largo que uno de crianza son detalles que a todo amante del vino agrada saber.

      He comentado en ocasiones anteriores que me ha resultado lamentable compartir mesa con señores tan bien vestidos como reprobables maneras mostraban en la misma. No toda la elegancia se muestra con la imagen; también está saber hablar, saludar y, por qué no, comer y beber.

      El vino, junto con el aceite de oliva y el agua, seguramente sea el líquido más maravilloso que nos ofrece la naturaleza. Con una cultura milenaria. Veamos como disfrutarlo con la ayuda de algunos accesorios.

Sacacorchos.
Aunque existan herramientas tan sofisticados como si de lo que se tratara de abrir fuera una caja fuerte, ninguno se puede igualar a los modelos tradicionales de dos posiciones. Ni en comodidad, ni en estética.

Decantadores.
Un vino embotellado durante años necesita airearse en torno a una hora antes de beberlo para que afloren sus mejores características. Ésta es la función de los decantadores. Su estética, a parte, resulta estilizada a la hora de servir.

Corta capsulas.
Aunque se pueden cortar con la pequeña navajita alojada en el extremo inferior del sacacorchos, ésta es la herramienta apropiada. Con un cuchillo resultaría tosco.

Tapones y aireadores.
Una botella da para cinco o seis copas, y como lo saludable es el consumo responsable de una copa al día, si la abrimos para nosotros solos el resto lo mejor es reservarlo tapado para futuros días. Existen tapones para sustituir al de corcho original.

      El aireador facilita que el caldo en su salida de la botella tenga mayor superficie por lo que se oxigena más para extraer todo su sabor.

Bombas de vacío.
Precisamente para que no se evaporen todas las cualidades del vino y se oxide (o pase) en exceso, están estos aparatos.

      Las bombas de vacío actúan como el émbolo de un inflador pero en sentido inverso. Es decir, extraen el aire provocando un vacío que ayuda a conservar el vino de una botella durante más tiempo una vez descorchada.

      La diferencia entre el fármaco y el veneno esta en la dosis; de esta manera la botella nos puede durar hasta una semana.

Posa botellas.
No existe cosa de peor estilo sobre una mesa que la presencia de una botella sobre ella. Aún menos malo sería que estuviese en el suelo, aunque lo propio siempre es en una mesita auxiliar.

      La botellas sobre una soporte (bandeja) creado a tal efecto es un toque de gusto.

Aro recogegotas.
Cuando servimos el vino, la tensión superficial (capilaridad) del liquido hace que las gotas finales queden adheridas al cuello de la botella y que cuando se vuelva la misma en posición vertical recorran toda la altura de la botella hasta que manchan el mantel. Para evitar esta engorrosa circunstancia están estos arillos con terciopelo acolchado en su interior.

      Es curioso conocer con un ligero rebaje exterior en la salida los haría innecesario.

Sets o packs.
Existen estuches que aglutinan una serie de estos elementos comentados y otros como el termómetro que resulta útil para comprobar la temperatura de cada vino.

      La temperatura ideal para servir uno tinto son los 17 ºC si se trata de un gran reserva, 15 º C si es un reserva y de 13 ºC para el resto. En el caso de los caldos blancos entre 6º y 10º C, al gusto, para los secos y 5ºC para los dulces y rosados.

Otros elementos son las imprescindibles copas de cristal, cuyo mayor volumen nos van a permitir apreciar mejor su olor, las neveras vinotecas o los enfriadores, los botelleros y los marcadores de copas.

      Muchas gracias y buena suerte,

David García Bragado
Fotografía Jose M. Salgado

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