¿Abotonado o desabotonado?

“La belleza de las cosas existe en el espíritu de quien las contempla”; David Hume (1711-1776), filosofo francés.

      La elegancia no se compra, el estilo se trabaja.

      Hasta el traje mejor cortado puede echarnos por tierra, más rápido que una res salvaje durante un rodeo, si no sabemos como vestirlo. El uso de los botones en las prendas es uno de esos sutiles detalles que debemos dominar.

      De la misma manera que se desluce hasta un calzado realizado con piel de grupa de potro –cordovan– que no se lustra (incluido el canto de su suela) o arruinaríamos una corbata con siete pliegues realizada de una sola pieza de paño al aprisionar su pala estrecha en el pasador cosido en la cara oculta del extremo opuesto. Los botones juegan un papel fundamental cuando vestimos.

      La naturalidad y el cuidado por estos detalles denotan clase. La que se cultiva. Y separa a un señor culto de otro que en la mejor de las oportunidades solo dispone de posibilidades. Saber que botones pasar por el ojal y cuales dejar libres son otras formas de firmar nuestra imagen… que no tienen precio.

      Por todos es conocida la sencilla regla de los botones en el cierre de la chaqueta: la secuencia a veces-siempre-nunca desde el superior hacia abajo. Las oportunidades del superior solo aluden a cuando la blazer no es del tipo tercer falso botón (o un dos para tres).

      Desabrocharse algún botón de la manga de la chaqueta no hace de mejor calidad a la prenda, pero si puede demostrar una ostentación innecesaria cuando se pretende evidenciar con este gesto un traje bespoke. Hoy en día ya muchos conjuntos de confección industrial, y aún con pésima ejecución, lo posibilitan. Nunca defendí está práctica aunque me guste dejar desabotonados otros ojales.

      En los cardigan, o cualquier otra chaqueta de punto, suelo dejar al menos el superior e inferior sin abotonar. En ocasiones en necesario dejar sueltos dos de abajo para que caiga natural y no se estire en nuestras caderas debido a la cinturilla elástica. Por otro lado, es una pieza casual y le cae bien cierta relajación. Todos abotonados sería demasiado rígido.

      En los chalecos, tanto en la tercera pieza del traje como en la prenda de vestir, dejar el último sin abotonar siempre rinde homenaje al gordo torso de Eduardo VII.

      Los botones del puño de la camisa no me gusta abotonarlos. Ni con chaquetas ni con jerséis. En los primeros porque lo suyo es utilizar cubrebotones y cuando no los llevo prefiero que no se vea el botón y quede más próxima a la manga de la chaqueta. Y cuando visto un suéter porque me gusta esa libertad de tirar, una pizca, de la manga para que asome un poco de antebrazo. Manías.

      En cuanto los picos de las camisas. Si estos llevan botones siempre pasados, y nunca aconsejo utilizarlos con una corbata. Para mi no es elegante, aunque rebose sprezzatura, a pesar que muchos de mis maestros -como Luciano Barbera– lo hagan.

      Si en el cierre de las camisas o polos siempre es de obligado cumplimiento no abotonar el superior, el segundo resulta aconsejable cuando lo permita la calidad del cuello y el calor lo justifique. De ahí para abajo me parece intolerable que se desabrochen.

      Pretender adquirir de modo súbito un modo elegante es causa suficiente para perder todo indicio de inmediato. Los gestos elegantes son la quintaesencia, y demandan naturalidad tras su conocimiento.

      Muchas gracias y buena suerte,

David García Bragado

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