100 años de historia de moda masculina clásica

“La Primera Guerra Mundial fue una guerra que nadie quería y una catástrofe que nadie pudo haberse imaginado”; Henry Kissinger, político estadounidense.

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      Las guerras representan el fracaso de la especie humana. Durante ellas se producen grandes avances tecnológicos a costa de ser utilizados para cometer las mayores atrocidades contra la humanidad. Dejando a un lado lo importante, resulta incuestionable que transforman nuestra sociedad de una manera radical, y suponen el resurgimiento de un mundo distinto tras ellas. Nuestra forma de vestir no iba a permanecer ajena a este hecho.

      Olvidándonos de los detalles políticos que los historiadores analizan con rigor, y que de manera personal recomiendo en la forma novelada de la trilogía de Ken Follett The Century: La caída de los gigantes (2010), El invierno del mundo (2012) y El umbral de la eternidad (2014). La moda masculina que llega hasta nuestros días nace con la finalización de la I Guerra Mundial (1914-1918). La Grande.

      El Tratado de Versalles (1919) marca el comienzo de los felices -y locos- años 20 que terminaron con el batacazo del crack financiero de 1929, La Gran Depresión. Y las prendas que vestimos hoy los hombres clásicos apenas se diferencias de estas sino en matices.

      Atrás queda el frac como vestuario de etiqueta nocturno en detrimento del esmoquin, y el traje de hilera sencilla con tres piezas, o el cruzado, de franela se hace el uniforme habitual de todo hombre en su día a día.

      Savile Row se convierte en el epicentro del buen vestir masculino mundial, y aparece el estilo informal y un joven Preppy.

      Grandes bolsillos, botonaduras de hasta cuatro botones con cierres altos en las chaquetas; y cortes rectos, anchas perneras y cinturas subidas en los pantalones definen al traje que torna hacia una forma entallada (slim fit).

      La chaqueta Norfolk y los pantalones “knickers baggy” (hasta por debajo de la rodilla y abombados) figuran entre las prendas singulares de estos años.

      Las cazadoras de aviador que llegan hasta nuestros días salen de la cabina de los pilotos para vestirse por la calle.

      En cuanto a las prendas de punto como cardigans, chaquetas con solapas, jerséis de pico o cuello vuelto o chalecos son idénticas a los actuales. El mítico suéter blanco de tenis (o críquet) proviene de esta época.

      El calzado de la época es el modelo Oxford, los botines de cordones y los spectators. Con o sin agujeros. Incluso las Converse All Star aparecen durante estos años de comienzo del siglo XX.

      La principal diferencia estriba en los complementos. Así, si en esa época casi nadie salía de su casa si un sombrero, siendo sus tipos los que quedan hoy, actualmente lo raro es que nos cubramos con ellos. Estos si que no evolucionaron, se extinguieron. Los de paja Canotier y Panama para el verano y los de pelo de roedor como el Trilby y el Fedora, son los más representativos pero el surtido era extenso.

      El reloj se muda del bolsillo del chaleco a la muñeca.

      Resulta admirable como en un mundo tan cambiante técnicamente, la imagen clásica apenas halla variado. Eso la confiere un gran mérito. Todo hombre lucirá impecable con un traje de hace 100 años, aunque ligeramente afinado, sin embargo gran parte de la ropa que surge hoy en apenas 100 días queda obsoleta. ¿Que ocurriría si utilizáramos ahora una TV o teléfono, por ejemplo, con un siglo de antiguedad?

      Muchas gracias y buena suerte,

David García Bragado

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