Cómo vestir –y no- para la fiesta de fin de año en Nochevieja

tuxedo-tux-dinnerjacket-esmoquin-smoking-nochevieja-00“No temas fallar. No es fallar, sino apuntar muy bajo el error. Con grandes aspiraciones, es glorioso incluso fallar”; Bruce Lee.

Suelo buscar frases con la mayor relación posible con el artículo correspondiente, o como motivación para invitar a leerlo. Y en el caso de la de hoy –creo que- da de lleno en el clavo.

Si asumimos que la elegancia es saber ser y estar en cada momento, apuntemos siempre a la mejor versión. Qué nos produciría más vergüenza: ¿asistir de la manera correcta aunque el resto de personas no lo haga o cometer la imprudencia de no estar a la altura de las circunstancias?

La fiesta de Nochevieja es una celebración nocturna, y por lo tanto el uso del esmoquin es preceptivo. Para vestir un smoking ya sabemos que podremos elegir entre las tres opciones fundamentales: Tres piezas con su chaleco específico, con chaqueta cruzada o la sencilla de hilera recta con fajín. Eso y más, lo describimos en su día.

Colores
La chaqueta de color crudo es propia del trópico o para los barcos de crucero, así que su uso será mucho más específico. Entre los otros dos colores posibles, del negro o el azul marino más oscuro posibles, presenta las mejores prestaciones el segundo. Es más distinguido, original, de mejor lucimiento frente a la luz, etc.

Debo discrepar en el uso de cualquier otro tono de color elegido incluso para cualquier complemento. Así lo defiendo en primera persona. Incluso recomendaría el uso de la plata como metal adecuado y el azabache negro para acompañarlo frente a otras opciones también adecuadas para darle el toque más tradicional posible. Propio de los que nos consideramos más clásicos.

¿Excepciones? Siempre las hay, en este caso, la flor roja para la chaqueta blanca.

Hábitos y coste
Esta norma rige por supuesto -también- a si celebramos la fiesta en la intimidad de nuestro hogar.

Recuerdo nítidamente cuando conocí a mi primera amiga holandesa, de nombre Bárbara y perteneciente a una familia de clase media. Fue en la Peñíscola del verano de 1984. Me mostró con cotidiana normalidad fotos de sus fiestas familiares en las que los hombres vestían ataviados con su preceptivo traje semi-formal.

El precio de alquiler de un traje de estas características será muy inferior al gasto global que realicemos durante esa noche, y si lo compráramos sería amortizado en menos de un lustro.

Otras opciones
La siguiente alternativa sería el traje negro de cóctel con la corbata negra. Un digno sustituto. Sin embargo, lo normal es que la mayor parte de los hombres optemos por el usual traje de oficina en los tonos más oscuros en el mejor de los supuestos. Un mal menor.

Tengo que reconocer que observo una palpable buena voluntad durante ese día. Donde hasta los más jóvenes, y una vez superada la mayoría de edad, hacen verdaderos esfuerzos por lucir la mejor versión posible con su mejor blazer y un buen pantalón de pinzas. De ahí para arriba, claro que sí.

Conclusión
No me gustaría dejar pasar esta oportunidad para defender de nuevo que debiéramos aprovechar estos momentos para recuperar al bello Tux. Como traje igualatorio de los caballeros durante una velada, donde solo su buen gusto y educación les diferenciarán.

Promover el vestirlo durante estos momentos a buen seguro que facilitaría su uso para futuras oportunidades como pudieran ser: entregas de premios, cócteles, cenas nocturnas… Además resulta inexcusable -su utilización- para compromisos en un entorno cultural mucho más acostumbrado.

El uso del tuxedo es francamente afortunado -a la hora de cenar- cuando nos alojamos en hoteles de renombre universal. El Waldford Astoria de Nueva York, el Gran Hotel de Estocolmo o el Grosvenor House Hotel de la City de Londres pueden ser algunos de los ejemplos donde su lucimiento aún no es motivo para que nadie gire –extrañado- su cabeza.

Muchas gracias y buena suerte,